domingo, 10 de enero de 2010

Condiciones propicias para el establecimiento y afianzamiento de la alianza productora de palma de aceite en el territorio.


En la búsqueda por las implicaciones de la alianza productiva y social para producir palma sobre el desarrollo local del municipio de María la baja, intervienen dos preguntas fundamentales: 1) ¿Por qué se establece el proyecto de la alianza en éste territorio? y 2) ¿Por qué se afianza la alianza en éste territorio? Para una explicación de las razones del establecimiento del proyecto en ese territorio, se proponen dos conjuntos de argumentos. Uno es el conjunto de las condiciones tanto naturales como construidas del territorio. El otro, es el conjunto de condiciones socioeconómicas que presentaba el territorio en el periodo en que se implantó el negocio en la zona.Al hablar de posesiones del lugar tanto naturales como construidas se está en clara referencia a las especiales características de este municipio que lo diferencian de sus vecinos.
María la baja tiene una importante oferta de agua todo el año proveída por abundantes lluvias y un distrito de riego, tiene unas condiciones climáticas y de suelos propicios para el cultivo de la palma de aceite y por sus predios transita una importante vía nacional que la conduce a importantes zonas portuarias como Cartagena, Barranquilla y Santa Marta. Por lo demás, la alianza productora de palma de aceite se ve fortalecida por un marco de política pública favorable fundamentado en incentivos tributarios y financieros por un lado y en mecanismos de subsidio y crédito que posibilitan la inclusión del campesino propietario y la relación entre el grupo empresarial y el Estado.
Condiciones naturales y construidas para el establecimiento de la alianza para el cultivo de palma de aceite en María la baja.

Por condiciones naturales entendemos aquellas posesiones o dotaciones con las que cuenta un territorio determinadas por su posición geográfica y por los ecosistemas asentados en un espacio determinado. Los factores más importantes que determinan el rendimiento de las plantaciones de palma de aceite son la disponibilidad de agua, la calidad del suelo y el clima. Los mejores suelos para este cultivo son los suelos volcánicos y arcillas aluviales y marinas, de zonas bajas por debajo de los 500 metros sobre el nivel del mar, de importante permeabilidad y con un eficiente drenaje (Mingorance, 2004: 21). María la baja es una zona muy baja, está a 14 metros sobre el nivel del mar, sus suelos están clasificados entre fertilidad alta a moderada y de texturas medias a finas. En general, los suelos de esta zona tienen fama de ser muy fértiles en donde se pueden cultivar variados productos y estar cosechando permanentemente (POT 2001-2009). Esto tiene que ver con que el municipio y vecinos tradicionalmente hayan sido la despensa de alimentos de importantes ciudades del Caribe colombiano como Barranquilla y Cartagena.
El cultivo de Palma de aceite también requiere de precipitaciones de entre 1.800 y 2.200 m.m. distribuidos a lo largo del año, es decir, sin estaciones muy secas por periodos prolongados, clima cálido de temperatura máxima de 33°C y mínima de 22°C, luz solar constante entre cinco y siete horas diarias durante todo el año (Aguilera, 2002: 107-108 y Mingorance, 2004: 21). María la baja tiene una temperatura promedio de 27°C y cuenta con una alta cantidad de precipitación por año llegando hasta los 2.300 mm al año. Aparte de la alta pluviosidad del área, la oferta de agua de la zona está determinada por la existencia del distrito de riego que existe en el municipio como parte de la reforma agraria realizada en el mismo y que tiene que ver con procesos históricos determinantes en la construcción de éste territorio.
Precisamente, se comprenden como condiciones construidas aquellas posesiones o dotaciones que pertenecen al territorio que hacen parte de procesos históricos que produjeron su elaboración. Un hecho determinante y característico de María la baja es que fue uno de las localidades donde se viabilizó la tímida reforma agraria impulsada en el país en 1968. El dato no es menor, toda vez que en Colombia los antecedentes sobre la tenencia y el mercado de tierras en la segunda posguerra han sido fundamentalmente los intentos por la imposición de tributos progresivos a la propiedad rural y la reforma agraria. Sin embargo, históricamente la falta de voluntad de dirigentes políticos y clases propietarias para facilitar procesos pacíficos de cambio y de adecuación de la estructura agraria a las necesidades rurales ha sido tímida y débil, generando una deuda estructural al campesinado colombiano. El intento de reforma agraria del 68 se diseñó como un mecanismo en el marco de la política norteamericana de “Alianza por el Progreso” buscando alinear a los países de la región en su interés geopolítico en el contexto de guerra fría, siendo una medida inducida desde fuera de América Latina y no decisión política autónoma para emprender adecuaciones estructurales para el desarrollo.
El liberal Carlos Lleras Restrepo fue el tercer presidente del pacto bipartidista conocido como “El Frente Nacional” y fue bajo su gobierno que se tramitó la Ley 1 de 1968. Según Machado, esta y su antecesora, la Ley 135 de 1961, hechas dentro de criterios distribucionistas, fueron marginales y solo hicieron una reparación superficial de la estructura agraria. Siguiendo a este autor:
La Ley 135 de 1961 buscaba acelerar la transformación de los terratenientes tradicionales en empresarios capitalistas con una amenaza de expropiación, al tiempo que reproducía la pequeña propiedad campesina en algunos departamentos. La reforma privilegió la expropiación de tierras inexplotadas, mal explotadas y baldías, dejando en última opción las adecuadamente explotadas e introdujo a partir de 1968 (Ley 1) la organización campesina, auspiciada y promovida por el estado para sostener la reforma frente a los embates de sus enemigos (Machado: 1998, 46).
Más detalladamente, León Zamosc recuerda que la Ley 1 de 1968 reconocía el derecho de los aparceros y arrendatarios a la tierra, pero a la vez se introducían tantas restricciones que su aplicación efectiva era dudosa hasta el punto de que prácticamente sin los instrumentos jurídicos adecuados la administración Lleras no tenía posibilidad de acelerar la reforma agraria propuesta (Zamosc, 1987: 82). Solo había una fuerza desde la cual podía provenir la presión a latifundistas y elites retardatarias y era el propio campesinado por medio de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos -ANUC, auspiciada y promovida por el Estado a partir del 68 para sostener la reforma frente a los embates de sus enemigos.
Por lo demás, se ha interpretado que el ex-presidente impulsó una reforma agraria, mediante ley de la república, más como una política de fomento que como una estrategia para modificar la estructura de propiedad en el campo. Desde esta perspectiva, la propuesta de reformismo agrario respondió a una visión determinada sobre la relación campo-ciudad y agricultura-industria, más que a una concepción desde la lucha por la tierra (Gaviria, 1989: 186). La mediocre modernización liberal quería que el campesinado “ensanchara” el mercado interno para las manufacturas cuya estreches venía en gran medida de los bajos ingresos campesinos, determinados a su vez por la desigual distribución de la propiedad rural. En María la baja, los terrenos de propiedad de los herederos del patriarca del ingenio de azúcar y convertidos en hacendados ganaderos son los que le proponen al presidente Carlos Lleras Restrepo la venta de la tierra, que constituía el área de la famosa hacienda azucarera, a pesar de que ya habían vendido una elevada cantidad de su propiedad.
El territorio de María la baja fue pionero en el cultivo de Caña de azúcar en Colombia. La gran hacienda azucarera de Carlos Vélez Daníes y familia (los Vélez), de la cual se destaca Dionisio Vélez Torres, sucesor del primero, abarcaba desde el municipio de Arjona, colindante con Cartagena hasta San Onofre en Sucre, unas 50.000 hectáreas. El ingenio Central Colombia se instaló en 1908 y 1909 en el corregimiento de Sincerín, municipio de Arjona, con la ayuda de ingenieros cubanos con toda la maquinaria moderna embarcada desde Inglaterra. Así, en la zona comentan que:
Fue tan fuerte esta industria que ellos tenían, como era usual en aquellas épocas, una especie de pequeña republiqueta independiente; tenían su propia moneda, tenían su propio tren para el transporte de personal, tenían comisariato y campamentos para los trabajadores, donde los trabajadores llegaron a Malagana que era como un pueblo que acogía a toda esta población, Malagana y Sincerin, y hubo mucha gente de varias partes del país, trabajadores de la caña y atraídos por la generación de empleo de los ingenios, que ciertamente generaron mucho empleo como corteros de caña, cultivadores de caña (CDS, entrevista, 2009).
Sin embargo, la famosa depresión económica de 1929 incidió en el precio del azúcar como la causa determinante de la quiebra de la industria del azúcar en esta zona, antecedió por la muerte del patriarca Vélez y la falta de unidad en el manejo de la empresa de los hijos quienes resuelven disolver la empresa y es cuando se termina de enterrar paulatinamente la cultura de la caña en la zona en los primeros años de la década de los cincuenta. Es así como María la Baja llega a ser una zona que hizo parte de la política de reforma agraria realizada por el estado colombiano en la década de los 60 y de la adecuación de un distrito de riego en su territorio:Entonces ellos (Los Vélez) venden al gobierno de Lleras 20.000 hectáreas, reservan todavía otras 10.000, la venden mucho a ganaderos, ellos conservan otra parte de eso, todavía los Vélez hasta hace poco funcionaban por ahí, los herederos de los Vélez funcionaban por ahí en la zona de María la Baja con otros renglones productivos como la ganadería; e instalado el proyecto de reforma agraria, eso fue diseñado para arroz comercial, cultivo comercial de arroz, eso se diseñó por parte de ingenieros holandeses que contrató el gobierno de Lleras Restrepo, una misión de Holanda que se estableció en el campamento de San pablo cerca a María la Baja, donde estaba la sede del Incora, ellos se establecieron ahí y diseñaron y ejecutaron todo lo que es el distrito de riego por gravedad con la construcción de dos grandes presas, la de Matuya y la de El Playón y por gravedad a través de canales de riego irrigaban las 17.000 hectáreas más o menos, para arroz, también para algo de ganadería y canales de riego y de drenaje (CDS, entrevista, 2009).
En el marco de esa reforma agraria, el Instituto Colombiano de Reforma Agraria- INCORA, proveyó al campesino de tierra, maquinaria (tractores, cosechadoras y combinadas), insumos, semillas y “toda clase de agroquímicos, pesticidas y fertilizantes”, créditos de renovación automática y asistencia técnica. De alguna manera, el siguiente relato representa ese periodo progresista:
Coincide con que en ese momento los técnicos de INCORA eran tipos jóvenes muy progresistas, tuve oportunidad de conversar con muchos de ellos, muy progresistas, muy comprometidos, realmente muy honestos, muy comprometidos, izquierdosos digamos, realmente, no eran comunistas pero de ideas progresistas (CDS, entrevista, 2009).
Así, aproximadamente unas 15.000 hectáreas fueron distribuidas a miles de parceleros que entraron en el proceso de reforma agraria en la zona con un promedio de diez hectáreas por familia beneficiaria. El distrito de riego de María la baja, por tanto, fue instaurado paralelamente a la redistribución de tierras a arrendatarios y aparceros de la zona comprendiendo un área de diseño de 19.200 hectáreas y de adecuación, riego, drenaje y vías, de alrededor de 7.500 Hectáreas.
Con la redistribución de tierras y la construcción del distrito de riego, el cultivo que se fomentó para sembrar en éste territorio fue el del arroz. El contexto productivo para este cultivo era favorable ya que el país producía en ese momento dos millones y medio de toneladas al año entre el Llano (en el oriente colombiano), el Tolima y la región de la costa Caribe, mientras que el consumo interno era de millón y medio y se exportaba un millón de toneladas hasta comienzos de los noventa.

Condiciones socioeconómicas para el establecimiento de la alianza para el cultivo de palma de aceite en María la baja.

Además de las condiciones naturales y construidas que se han descrito, la alianza productiva para cultivar palma de aceite en María la baja encontró en el territorio las condiciones socioeconómicas propicias para instalar su proyecto en la segunda mitad de la década de los 90. En el municipio, los habitantes recuerdan que la depresión de la economía del arroz entró en el territorio de María la baja a comienzos de la década de los noventa al juntarse tres factores que se venían encubando tanto en el municipio como en el país: uno, debido a que el cultivo del arroz fue establecido con los cánones de la revolución verde, se experimentó un cansancio ambiental de los suelos; dos, un cansancio organizativo de la gente; y tres, el comienza de un proceso de apertura económica en el país.

El paquete completo de la revolución verde consistente en maquinaria, agroquímicos y fertilizantes, como complemento de la redistribución de tierras realizada, la infraestructura, el crédito y la asistencia técnica puesta en marcha de manera intensiva, terminó por producir un cansancio de los suelos por la aplicación de tanto agroquímico. Además, la metodología de planificación que generaba un uso racional de insumos, maquinaria, y hectáreas de tierra se desdibujó ante comportamientos de ineficacia administrativa del Instituto Colombiano de Reforma Agraria (INCORA) y el quiebre de las empresas comunitarias que habían sido motivadas por la reforma, que empezaron a descomponerse y a romperse.
Al ir estructurando el montaje de la reforma agraria en el territorio, en un primer momento organizaron empresas comunitarias para el cultivo del arroz, a las cuales se les responsabilizaba de una calidad de administración de sus recursos a través de cuentas bancarias y asesoradas por los técnicos del INCORA. Se recuerda que “ya cada parcelero se iba por su cuenta; “este año sí siembro, el otro año no siembro”, “sí siembro pero más tarde”, entonces era un costo más grande para los dueños de tractores y de combinadas” (CDS, entrevista, 2009).Esto sin perjuicio de la responsabilidad que le atañe a los pobladores del lugar por administrar de forma irresponsable las cosechadoras y otras maquinarias. Desde sus referentes empresariales, una palmicultora comenta:
Vea Compañero, nosotros aquí, cuando María la Baja tuvo el cultivo de arroz, desafortunadamente por falta de capacitación y de acompañamiento de entidades gubernamentales, locales, el proceso del arroz aquí en María la baja se cayó, ¿por qué? porque el campesino no tenía esa cultura de administración empresarial, la gente tomaba el crédito y de pronto no sabía distribuirlo en lo que tenía que distribuirlo, entonces por muchas razones se fue el proyecto del arroz a pique aquí en María la Baja (Palmicultora B ASOPALMA, entrevista, 2009).
La economía del arroz en la zona se termina de ir al suelo con la puesta en marcha de la apertura económica del gobierno de Cesar Gaviria, al permitir la importación de arroz ya que “toda la economía del arroz en esa zona quebró, toda, aquí no hubo ningún molino de los cuatro que había, que subsistía, todos quebraron, los campesinos quebraron y también en ese momento se endureció la política de la caja agraria” (CDS, entrevista, 2009). En el sector agrícola, la apertura económica como medida neoliberal viene acompañada por la privatización de la Caja Agraria que empezó a perfilarse como el Banco Agrario, con una gestión de banco comercial y llamando a los clientes a ponerse a paz y salvo con su cartera:
La caja agraria llamó a los clientes “usted está moroso, si quiere crédito nuevo, pague lo que debe, póngase al día, refinancie sus deudas, pero tiene que pagar una parte”, o sea que el 90% de los campesinos de María la Baja quedó fuera del sistema de crédito porque estaba moroso (CDS, entrevista, 2009).
Así mismo, estas medidas van a acompañadas con el desmonte paulatino de la infraestructura y liquidación del Instituto de Mercado Agropecuario (IDEMA) a nivel nacional, viéndose reflejado su efecto en la localidad ante el cierre de la planta de ensilaje y tratamiento situada allí, entidad que extrañan los arroceros y agricultores del municipio como referente de estabilización de oferta del bien y de precios favorables al productor. El proceso de cambio estructural neoliberal oficializado con la apertura económica condujo al país a pasar de ser exportador a importador de arroz de Venezuela, Ecuador y Tailandia y, por ende, forzando una reorganización del sistema productivo en el territorio de María la baja.

La sensación que queda al hablar sobre este periodo es que los noventa significó una década para la localidad, en la cual sus productores quedaron sin acceso al crédito y con deudas para con el sistema bancario y con una fuerza laboral desocupada, que por lo demás explica la alta migración que existe en el municipio. Esta situación la describe mejor un actor local:
Entonces, digamos que una de las zonas donde se vivió con mayor impacto el desarrollo de la política de apertura económica de comienzos de los años noventa fue esta región. Ocurrió una recomposición completa en la estructura del agro, y las tierras, pues, pasaron a ser tierras ganaderas, esporádicamente a sembrar arroz, pero dejó de ser el cultivo estrella al cual se dedicaba toda la zona, obviamente significó toda una recomposición de todas las casas comerciales, de las casas de maquinaria, fumigación aérea, etc; todo eso tuvo que desplazarse de la región y una recomposición también del uso de la mano de obra (CDS, entrevista, 2009).
Es así como el elemento común de los relatos de los pobladores es que en la década de los noventa en la localidad era la incertidumbre la que dominaba el ambiente hacia donde orientar la producción ante la inaccesibilidad al crédito y las deudas sin pagar por la quiebra del cultivo del arroz. De allí que una palmicultora recuerde: “Quedamos endeudados porque que por el mal tiempo, por la falta de máquina, nunca se podía lograr como que cosechar el arroz a tiempo, había mucha perdida y eso nos conllevó a tener perdidas invaluables, nos retiramos del cultivo del arroz, y las tierras, ahí, prácticamente a la deriva” (Palmicultora A ASOPALMA, entrevista, 2009).
Las condiciones socioeconómicas de un territorio devastado por la quiebra de la economía de su principal producto llevaron a que la propuesta de la inversión en el cultivo de la palma a muchos les pareciera una oportunidad para salir de la crisis económica tanto en lo familiar como en lo territorial. De allí que otra palmicultora comenta:
Ya en el 97 aquí ya no había cultivo de arroz, estaban las tierras solas, aquí ni el banco quería prestarle a los campesinos de María la baja porque ellos quedaron endeudados totalmente con el banco. Todavía del cultivo de la palma hay gente que está pagando deudas al banco porque debe, de cuando era cultivador de arroz, el campesino aquí quedó que no había quien le abriera aquí las puertas para nada porque no pagaban, por el banco… y las tierras solas. ¿Qué hacían los inversionistas que venían aquí a María la baja? Venían a arrendarnos las tierras, a vivir de nuestras tierras, ¿Por qué?, de pronto no porque los campesinos querían arrendarlas, sino porque el campesino estaba en el suelo y no había quien le diera la mano para pararse de donde estaba, las tierras solas, las tierras aquí perdieron pujanza en producción, perdieron valor por hectárea… y el campesino tenía o que venderla o arrendarla por la situación económica en la que vivía… (Palmicultora B ASOPALMA, entrevista, 2009).
El modelo de Alianza estratégica llega a María la Baja en el año 98 con 4 parcelas demostrativas pertenecientes a pobladores poseedores de tierra, cada una con 5 hectáreas, las palmas las regaló el ex ministro de agricultura y propietario del grupo empresarial Hacienda las Flores Carlos Murgas Guerrero, los costos de preparación del terreno los proveyó la gobernación de Bolívar y los palmicultores colocaron la mano de obra para la siembra, fueron 4 parcelas cada una con 5 hectáreas y créditos no reembolsables. Es así como la propuesta del cultivo de palma aprovechó la desestructuración del territorio producto de políticas públicas agrícolas neoliberales y la confusión e incertidumbre de los campesinos hacia donde orientar su producción.

Parentesis para tener en cuenta la opinión de Stiglitz sobre Copenhague

Superar el fracaso de Copenhague

Opinión 9 Ene 2010 - 11:59 pm

Por: Joseph E. Stiglitz


LOS DISCURSOS BONITOS NO LLEGAN muy lejos. Un mes después de la conferencia de Copenhague sobre el clima, ha quedado claro que los líderes del mundo no pudieron traducir a acciones la retórica sobre el calentamiento global.
Por supuesto, estuvo bien el que pudieran ponerse de acuerdo en que sería terrible arriesgarnos a la devastación que podría ocasionar el aumento de las temperaturas globales de más de dos grados Celsius. Al menos, prestaron algo de atención a las crecientes evidencias científicas. Y se reafirmaron ciertos principios establecidos en la Convención Marco de Río de Janeiro de 1992, incluidas “las responsabilidades comunes pero diferenciadas, y las capacidades respectivas”.
También lo fue el acuerdo de los países desarrollados de “proporcionar recursos financieros, tecnología y desarrollo de capacidades adecuados, predecibles y sostenibles...” a los países en desarrollo.
El fracaso de Copenhague no fue la falta de un acuerdo legalmente vinculante: el verdadero fracaso fue que no hubo acuerdo sobre cómo lograr la enorme tarea de salvar el planeta, ni acerca de las reducciones de emisiones de carbono, ni sobre cómo compartir la carga o ayudar a los países en desarrollo. Incluso el compromiso de destinar 30 mil millones de dólares para el período 2010-2012 para la adaptación y la mitigación empalidece ante los cientos de miles de millones facilitados a los bancos en los rescates financieros de 2008-2009. Si podemos permitirnos esas sumas para salvar los bancos, bien podemos permitirnos algo más para salvar el planeta.
Las consecuencias del fracaso ya se pueden ver: el precio de los derechos de emisiones en el Sistema de Intercambio de Emisiones de la Unión Europea ha caído, lo que significa que las firmas tendrán menos incentivos para reducir las emisiones ahora, así como para poner en práctica innovaciones que las reduzcan en el futuro. Las empresas que querían hacer lo correcto, destinar el dinero a reducir sus emisiones, ahora sienten inquietud por que hacerlo las pondría en desventaja ante la competencia, ya que otros seguirán emitiendo sin limitaciones. Las empresas europeas seguirán estando en una desventaja competitiva con respecto a las estadounidenses, para las que las emisiones no suponen costo alguno.
Tras el fracaso de Copenhague hay algunos problemas profundos. El enfoque adoptado en Kyoto asignó derechos de emisión, que son un recurso valioso. Si las emisiones se restringieran de manera adecuada, el valor de los derechos de emisión sería de un par de billones de dólares al año, por lo que no es de sorprender que haya peleas sobre quién debería recibirlos.
Claramente, la idea de que quienes emitieron más en el pasado deberían recibir más derechos de emisión para el futuro es inaceptable. La asignación “mínimamente” justa para los países en desarrollo exige derechos de emisión equivalentes per cápita. La mayoría de los principios éticos sugeriría que, si uno está distribuyendo lo que equivale a “dinero” por el mundo, debería dar más (per cápita) a los pobres.
De manera que, además, la mayoría de los principios éticos sugeriría que quienes han contaminado en el pasado —especialmente después de que el problema se reconoció en 1992— deberían tener menos derecho a contaminar en el futuro. Sin embargo, una asignación así transferiría implícitamente cientos de miles de millones de dólares de los ricos a los pobres. Considerando las dificultades de reunir incluso 10 mil millones al año —para no hablar de los 200 mil millones al año que se necesitan para mitigación y adaptación— es un poco iluso esperar un acuerdo en torno a esas cifras.
Tal vez sea el momento de intentar otro enfoque: un compromiso por parte de cada país de elevar el precio de las emisiones (a través de un impuesto al carbono o límites para las emisiones) a un nivel acordado de, digamos, 80 dólares por tonelada. Los países podrían usar los ingresos como una alternativa a otros impuestos, ya que tiene mucho más sentido aplicar impuestos a las cosas malas que a las buenas. Los países desarrollados podrían usar parte de los ingresos generados para cumplir sus obligaciones de ayudar a los países en desarrollo en términos de adaptación y de compensarlos por mantener bosques, que representan un bien público global debido a que “secuestran” carbono.
Hemos visto que la buena voluntad, por sí sola, sólo pude llevarnos hasta cierto punto. Ahora debemos hacer confluir las buenas intenciones con los intereses propios, especialmente porque los líderes de algunos países (en particular los Estados Unidos) parecen temerosos de la competencia de los mercados emergentes incluso sin la ventaja que pudieran recibir por no tener que pagar por las emisiones de carbono. Un sistema de impuestos fronterizos —que se aplicarían a las importaciones de países en donde las firmas no tienen que pagar de manera adecuada por las emisiones de carbono— nivelaría el campo de juego y brindaría incentivos económicos y políticos para que los países adoptasen impuestos sobre el carbono o límites a las emisiones. Eso, a su vez, daría incentivos económicos para que las empresas redujeran sus emisiones.
El tiempo corre. Mientras el mundo vacila, los gases de invernadero se acumulan en la atmósfera, y se reducen las probabilidades de que se cumpla siquiera el objetivo acordado de limitar el calentamiento global a dos grados Celsius. Hemos dado más de una justa oportunidad al enfoque de Kyoto, basado en derechos de emisiones. Si consideramos los problemas fundamentales que existen tras el fracaso de Copenhague, no debería resultarnos sorpresivo. Como mínimo, vale la pena darle a la alternativa una oportunidad.

jueves, 8 de octubre de 2009

TERCER ENFOQUE DE DESARROLLO LOCAL


1.1.1. El desarrollo local como empoderamiento de actores de la sociedad local.
Boisier se refiere a las interpretaciones del desarrollo local que enfatizan la devolución[1] de competencias ejecutivas a los estamentos locales en tanto herramienta para encarar los retos de la globalización[2].
Destaca la necesidad de contar con sociedades locales informadas, motivadas, poseedoras del conocimiento para entender el proceso globalizador y consensuadas para actuar proactivamente, es decir, socialmente organizadas. (Boisier: 2005; p. 55)
En este enfoque se podrían clasificar los argumentos de José Arocena. La riqueza generada localmente sobre la cual los actores locales ejercen un control decisivo, tanto en los aspectos técnico-productivos como en los referidos a la comercialización redundará en la existencia de una creación conceptual suya denominada Sociedad Local. (Arocena: 2001, p. 23).
Lo anterior implica que la producción de riqueza generada desde el territorio es producto de negociaciones entre los grupos socio - económicos. Así, la Sociedad Local es estructurante principal del sistema de relaciones de poder, es un sistema de acción sobre un territorio limitado, capaz de producir valores comunes y bienes localmente gestionados (Arocena: 2001; p. 23 y 2002; P.9).
Nótese una complementariedad mutua entre la endogeneidad del desarrollo en el plano político mencionado por Boisier y el concepto de Sociedad Local trabajado por el autor uruguayo.
Pero, ¿qué quiere decir que la Sociedad local sea capaz de producir bienes localmente gestionados? y asimismo, ¿qué quiere decir que la sociedad local sea capaz de producir valores comunes?
La explicación está en que para este economista se habla de Sociedad local al encontrar en un territorio determinadas características que ocurren en dos niveles, en el socioeconómico y en el cultural.
Antes de hablar de los niveles mencionados, hay que anotar que Arocena supone que los grupos que actúan en un territorio conforman un sistema de relaciones. Esos grupos, por tanto, son interdependientes y el sistema de relaciones constituido por ellos conforman la sociedad local.
Continuando, en lo referente al componente socioeconómico del concepto de Sociedad Local, hay que resaltar, primero, que en forma explícita tiene en cuenta la existencia de relaciones de poder entre los grupos socioeconómicos que actúan en un territorio, y segundo, que éstos grupos negocian en lo concerniente a la producción de riqueza que generan en el territorio.
Leyendo agudamente el planteamiento de este autor, los grupos locales ejercen un control decisivo sobre la riqueza generada en el lugar, tanto en los aspectos técnico-productivos como en los referidos a la comercialización. (2002; p. 9)
Al instante el lector se pregunta: ¿todos los actores? Como lo dice Arocena, los grupos locales definen sus diferentes posiciones en el sistema –socioeconómico- en función de su influencia sobre la utilización del excedente; se constituirá entonces, una jerarquía social regulada por la mayor o menor capacidad de cada uno de sus miembros de influir en la toma de decisiones sobre la utilización del excedente. (p. 9)
No todos los actores tienen el mismo poder para influir en la toma de decisiones, por lo que el control decisivo sobre la riqueza generada localmente, tanto en aspectos técnico-productivos como en los referidos a la comercialización, es ejercido por los miembros de la jerarquía social que posean la mayor capacidad de influencia en la toma de decisiones sobre la utilización del excedente; esto es, “el individuo o grupo más poderoso”.
Por otro lado, en lo concerniente al compuesto cultural del concepto de Sociedad Local, para el autor, la identidad colectiva de una sociedad está expresada en valores y normas interiorizados.
Los rasgos identitarios comunes muestran una “forma de ser” determinada que los distingue de otros individuos o grupos y encontrarían una materialización de su máxima expresión colectiva al plasmarlo en un proyecto que resulte común. (p. 9)
Sin embargo, el pesimismo puede llevar a pensar al lector de este postulado que esto puede no ocurrir hasta que la influencia de un grupo impone su voluntad sobre los otros.
Ahora bien, ¿qué entiende Arocena por Actor Local? Bajo este nombre rotula a los agentes que en el campo político, económico, social y cultural son portadores de propuestas que tienden a capitalizar mejor las potencialidades locales, entendiendo el término “capitalizar mejor” como la búsqueda de un mayor aprovechamiento de los recursos, destacando la calidad de los procesos en términos de equilibrios naturales y sociales (Arocena: 1995; p. 26).
Dentro del rotulo “actor local” entran “individuos, grupos o instituciones, cada uno de los cuales ejerce un tipo de aporte, siguiendo la construcción de Arocena. Así, habrían tres categorías de actor local: los ligados a la toma de decisiones (los político-institucionales), los ligados a técnicas particulares (los expertos profesionales) y los ligados a la acción sobre el terreno (la población y sus expresiones activas) (Arocena: 1995; p. 25).
Por otro lado, si la sociedad local, en últimas, es un sistema de acción, entonces ¿qué pasa con la capacidad real de iniciativa de los individuos y grupos que actúan en la esfera local?
Continuando con Arocena, la iniciativa individual o de grupo es la existencia misma del actor local, quiere decir que el conjunto de los actores locales se están movilizando[3]. La existencia de actores locales capaces de iniciativa facilita el que suceda la planificación local que tiene que ver con la participación de los actores locales y con el conocimiento de las realidades de la misma escala[4]. En este punto la pregunta que surge es ¿cuales actores locales son los capaces de iniciativa?
La pertinencia de este tipo de planificación radica en la escala en la que “se generan y se tratan los datos” y en el supuesto de que existe un “sistema” de actores que es capaz de integrar sus iniciativas en estrategias comunes al conjunto de la sociedad local para lo cual este autor habla de la necesidad de formas institucionales nuevas capaces de estimular e integrar el potencial de iniciativas existentes en la sociedad local para poner en práctica los procesos de planificación local. (p.11)
Una iniciativa que tiene la fuerza para producir efectos de desarrollo local no se “lleva adelante” como una acción aislada por un individuo o un grupo. Al entender del teórico uruguayo, las iniciativas que tengan este propósito se generan y se procesan “dentro de un sistema de negociación permanente entre los diversos actores que forman una sociedad local”, es decir, una negociación entre diferentes racionalidades. (p. 11)
Ahora bien, existen concepciones del desarrollo local que abarcan elementos de las tres corrientes y las agrupan en un solo concepto como queriendo decir que dentro del desarrollo local no hay visiones excluyentes.
Es el caso de la experiencia investigativa del Centro Latinoamericano de Economía Humana –CLAEH-, de la cual el también uruguayo Enrique Gallicchio explicita los elementos que a su entender constituyen el sentido o la razón de ser del Desarrollo Local.
Se pueden distinguir esos elementos en: Primero, los supuestos con los que asume el Desarrollo Local, es decir, un punto de partida. Segundo, los ejes temáticos que un proceso de desarrollo local obligatoriamente tiene que abordar y tercero, una conceptualización propia de lo que le significa el desarrollo local.
La posición de Gallicchio es que el desarrollo local es asumido como una nueva forma de actuar en el contexto de la globalización. Esto por dos factores. El primero, porque los procesos de globalización, no solo de la economía, sino también de la política y de la cultura tienen una creciente incidencia en lo local, es decir, en territorios y sociedades concretas. El segundo, porque la articulación entre lo global y lo local es la mejor postura a tener con relación a la vinculación entre los procesos de desarrollo local y las dinámicas nacionales y globales del desarrollo (Gallicchio: 2005; p. 88).
Para Gallicchio, la postura sobre las condicionantes globales[5] tiene una directa relación con cómo se asume “lo local”. La articulación entre lo global y lo local es la mejor postura a tener, ya que concebir lo local como lo subordinado a las dinámicas globales y a los procesos de desterritorialización lleva a concebir que el trabajo a nivel local no tiene sentido ya que la globalización impide “pensar en clave local” (2005; p. 92).
Así mismo, ubicar lo local como la alternativa a los “males” de la globalización, entendidos estos como la pobreza, la exclusión y la injusticia, pone al desarrollo local como únicamente en tono de reacción a un estado de cosas establecidas por las dinámicas globales como si fuera un conjunto de cosas compensatorias, lo que para Gallicchio resulta poco propositivo.
La discusión sobre el vínculo entre los procesos de desarrollo local y las dinámicas nacionales y globales del desarrollo, siguiendo con Gallicchio, obliga a tener en cuenta las restricciones y potencialidades en cada territorio concreto y la articulación de las mismas con las determinaciones globales. (p. 88)
Por tanto, en el contexto del Desarrollo Local concebido como una nueva forma de mirar y de actuar desde lo local, la propuesta de Gallicchio es la articulación entre lo global y lo local, lo que significa que el desafío para las sociedades locales se plantea en términos de insertarse en forma competitiva en lo global, capitalizando al máximo sus capacidades locales y regionales, a través de las estrategias de los diferentes actores en juego (p. 91).
En el planteamiento de Gallicchio, se tiene en cuenta tres ejes temáticos que el desarrollo local debe tratar de forma ineludible: 1) La potenciación de lo existente en referencia a las personas, los recursos, las empresas, los gobiernos. 2) La obtención de recursos externos al territorio; y 3) la gestión del excedente económico que se produce en el territorio aludiendo al “cómo usamos los recursos generados en él”
Estos temas requieren de una forma de concebir el desarrollo local como un proceso mucho mas sociopolítico que económico[6], ya que, en palabras de Gallicchio, “los desafíos son más de articulación de actores y capital social que de gestión local” (p. 90).
El perfil de concebir una preponderancia de lo sociopolítico sobre lo económico en los procesos de desarrollo local, responde a la influencia que ejerce la argumentación del teórico Salvadoreño Alberto Enríquez sobre el autor uruguayo.
Así, Gallicchio cita a Alberto Enríquez, quien comprende el Desarrollo Local como “un proceso de concertación entre los agentes que interactúan en un territorio determinado, para impulsar un proyecto común de desarrollo, siempre teniendo presente la participación permanente, creadora y responsable de ciudadanos y ciudadanas”. (Enríquez: 2005; p. 90).
Así entonces, el proyecto de desarrollo común que menciona Enríquez implica el tratamiento de temas como la generación de crecimiento económico, la equidad, el cambio social y cultural, la sustentabilidad ecológica, el enfoque de género y la calidad y equilibrio espacial y territorial.(2005; p. 90)
Los fines de dicho proceso de concertación que impulse un proyecto de desarrollo común son “elevar la calidad de vida de cada familia, ciudadano y ciudadana que vive en un territorio determinado, contribuir al desarrollo del país y enfrentar adecuadamente los retos de la globalización y las transformaciones de la economía internacional” (P. 90).
En consecuencia, otro elemento principal del Desarrollo Local según Gallicchio es la cooperación entre actores públicos de diferentes niveles institucionales (locales, regionales, nacionales, internacionales), así como la cooperación entre el sector público. (Gallicchio: 2005; p. 89)
De esta suerte, se comprenden los diversos elementos del concepto de este autor para quien el
Desarrollo local consiste en:“( ) crecer desde un punto de vista endógeno y también obtener recursos externos, exógenos (inversiones, recursos humanos, recursos económicos), así como mejorar la capacidad de control del excedente que se genera en el nivel local. El desafío pasa entonces por qué tanto son los actores capaces de utilizar los recursos que pasan, y quedan, en su ámbito territorial, para mejorar las condiciones de vida de los habitantes.” (Gallicchio: 2005; p.
[1] Con el termino devolución, el autor se refiere al proceso de aumento de la localización de las decisiones.
[2] En un texto posterior sabemos como la entiende Boisier
[3] Por ejemplo, las actividades experimentales e innovadoras, la creación de empresas, la correcta explotación de los recursos locales, nuevos sistemas de ahorro y crédito, la organización de los servicios básicos (luz, agua, saneamiento) o la construcción de viviendas, suponen una dosis muy importante de iniciativa, es decir, de movilización del conjunto de los actores locales. (Arocena: 2002; p. 10)
[4] El autor recuerda la existencia de “fracasos de los esfuerzos por planificar desde el centro del
sistema se debieron a los permanentes desfases entre los planes y la porfiada realidad local o regional” (2002; p. 10).
[5] Gallicchio acude a Bervejillo para definir lo que denomina como condicionantes globales: la desterritorialización y a la reterritorialización que ocurren en forma simultánea. Por desterritorialización éste último entiende “la emergencia de sistemas globales que escapan a las determinaciones específicas de este o aquel territorio”. Por Reterritorialización, entiende que “se confirma la territorialidad, en sentido fuerte, de los factores decisivos para el desarrollo de países y regiones”. (Gallicchio: 2005; p. 88)
[6] coincidencia con furtado.

SEGUNDO ENFOQUE DEL DESARROLLO LOCAL

1.1.1. El desarrollo local como un proceso endógeno de cambio estructural.
El segundo enfoque que Boisier establece en su clasificación sobre las diferentes perspectivas del desarrollo local.
En la literatura sobre desarrollo endógeno se pueden distinguir dos perspectivas dominantes. Por un lado, una perspectiva recurre a los elementos de la teoría de la localización y de la aglomeración espacial de los agentes económicos en tanto los considera primordiales para el crecimiento económico endógeno y al desarrollo endógeno.
En el caso del economista español Antonio Vázquez Barquero, el desarrollo es endógeno cuando el territorio no es un receptor pasivo de las estrategias de las grandes empresas o de las organizaciones externas, sino que tiene una estrategia propia que le permite incidir en la dinámica económica local con base en la activación de la difusión de las innovaciones y del conocimiento[1], la organización flexible de la producción[2], la densidad del tejido institucional o “red” de instituciones que estructuran el entorno en el que las empresas están radicadas[3] y el desarrollo urbano del territorio como el espacio propicio para la generación de redes y, en general, para las externalidades positivas que producen estos factores (Vázquez Barquero: 2000; p. 54-58).

Esta definición no se diferencia de la de Alburquerque y su ubicación en este enfoque obedece más a la forma semántica de su título que le ha dado Vázquez- Barquero que a su contenido en sí.
Por otro lado, se ubica la perspectiva que tiene en cuenta otras dimensiones y no solo la económica, en las que se pueden entender la endogeneidad de los procesos de cambio territorial.
En este enfoque se ubica la interpretación de Sergio Boisier sobre el desarrollo endógeno situando el análisis de la endogeneidad del desarrollo no solo en el plano económico sino también político, científico-tecnológico y cultural.
“La endogeneidad en el plano político se muestra como una creciente capacidad regional para tomar las decisiones relevantes en relación a diferentes opciones de desarrollo, diferentes estilos de desarrollo y en relación al uso de los instrumentos correspondientes; es decir, la capacidad de diseñar y ejecutar políticas de desarrollo, y sobre todo, la capacidad de negociar. En el plano económico referido a la retención local y reinversión del excedente. La endogeneidad es también interpretada en el plano científico-tecnológico o capacidad interna de un sistema para generar sus propios impulsos tecnológicos de cambio; y en el plano de la cultura, como una matriz generadora de la identidad socio-territorial (Boisier: 1999, 21)”.
La endogeneidad en lo político, entonces, se muestra en una capacidad regional que decide las opciones de desarrollo por las que se quiere ir, representado esto en términos de diseño y ejecución de políticas, pero también en la capacidad de negociación entre los actores.
En lo económico, la endogeneidad se demostraría al reinvertir el excedente de lo producido y comercializado en la localidad. El fin de esto es diversificar la economía local, dándole al mismo tiempo una base permanente de sustentación en el largo plazo. Según Boisier, la reinversión local dependerá de las expectativas económicas del territorio y del acuerdo o proyecto político entre las fuerzas sociales que se interesan en el futuro y que actúan en función de ello.
La endogeneidad en términos científicos y tecnológicos se expresa también en una capacidad que es interna al territorio, en coherencia con el concepto, buscando un cambio que provoque modificaciones cualitativas.
El concepto cierra proponiendo una endogeneidad cultural que más que generarla está dada y más bien es creadora de una identidad social y territorial existente en el lugar.
[1] La introducción y difusión de las innovaciones y el conocimiento tiene el fin de transformar y renovar el sistema productivo, entendiendo este autor por innovación tanto “la producción de nuevos bienes, la introducción de nuevos métodos de producción, nuevas formas de organización o la apertura de nuevos mercados” como “los cambios ingenieriles en lo productos, en los métodos y en las organizaciones que permiten a las empresas y a los sistemas de empresas dar una respuesta eficaz a los desafíos que significa el aumento de la competencia en los mercados” (Vázquez-Barquero, 2000. P. 54).
[2] La organización flexible de la que habla Vázquez Barquero está representada en forma de una red de empresas industriales locales que permite la generación de una multiplicidad de mercados internos y de áreas de encuentro que facilitan los intercambios de productos, servicios y conocimientos. Esta confluencia de intercambios de productos y recursos entre empresas, así como la multiplicidad de relaciones entre los actores y la transmisión de mensajes e informaciones entre ellos propicia la difusión de las innovaciones, impulsa el aumento de la productividad y mejora la competitividad de las empresas locales. (2000; p. 55)
[3] Vázquez Barquero asigna una correspondencia directamente proporcional a la relación entre una mejor capacidad para competir y un sistema de instituciones que permite producir bienes públicos y generar relaciones de cooperación entre los actores que impulsan el aprendizaje y la innovación. (2000; p. 58)

¿Qué es el Desarrollo Local? - PRIMER ENFOQUE DE DESARROLLO LOCAL






1.1.¿Qué se entiende por Desarrollo local?


El Economista chileno Sergio Boisier, en el documento ¿Hay espacio para el desarrollo local en la globalización”, clasifica en tres enfoques las diferentes perspectivas del desarrollo local:


1.1.1. El desarrollo local como una matriz de estructuras industriales.

El primer enfoque tiene que ver con el reconocimiento de la existencia de rendimientos crecientes que lleva a replantear las teorías de la localización a partir del estudio de las ventajas económicas que traen consigo procesos de aglomeración espacial de los agentes económicos.

Este enfoque tiene una relación directa con la teoría sobre los “distritos industriales” y de la “atmosfera industrial”, la importancia creciente de garantizar la competitividad global de las actividades industriales y la importancia de un entorno territorial que facilite las innovaciones. (Boisier: 2005; p.52)

Además de los distritos industriales, la teoría de la localización y de la aglomeración espacial de los agentes económicos convoca a las descripciones sobre el medio innovador y los cluster.

Por ejemplo, según la referencia del mexicano Raúl Pacheco-Vega, la teoría de la localización de Edgar Hoover producida en 1937 tiene su fundamento en la proximidad geográfica, lo que implica que aquellos elementos que son requisitos para una operación eficiente como lo son los mercados, las materias primas y los bajos costos de transporte, estén dentro de un perímetro relativamente pequeño, elementos validos en el análisis de los clusters (enlaces) industriales. (Pacheco-Vega: 2007; p.686)

La idea de “medio innovador” es una noción que se le asimila a la oportunidad de intercambiar conocimientos e información entre los actores del territorio. El “medio” es un operador colectivo que reduce la incertidumbre de las empresas mediante la operación tácita y explícita de la interdependencia funcional entre los actores locales quienes se organizan, utilizan los recursos materiales e inmateriales y producen e intercambian bienes, servicios y comunicaciones. (Boisier: 2005; p.53)


Una particularidad de este medio es que los actores locales forman una red a través de relaciones y contactos, estableciéndose así, vínculos de cooperación e interdependencia. El entorno local contiene procesos de aprendizaje colectivo que le permiten responder a los cambios del mismo entorno a través de la movilidad del trabajo en el mercado local, intercambios de tecnología de producto, proceso, organización y comercialización, la provisión de servicios especializados, los flujos de información o estrategias de acción.(2005; p. 53)

Asimismo, no podría ser otro el enfoque en donde Boisier clasificara al concepto de cluster, particularmente definido por Michel Porter como “un grupo interconectado de empresas e instituciones asociadas en un campo particular ubicadas en una proximidad geográfica enlazadas por elementos comunes y complementarios”.


En la formulación del concepto de clusters se incluye también que la competitividad de una empresa es potenciada por la competitividad del conjunto de empresas y actividades cercanas.
Según J. Ramos, citado por Boisier, con el estudio de los cluster se entiende que externalidades económicas positivas como los derrames tecnológicos y las innovaciones que surgen de la aglomeracion y la interacción de las empresas que se hallan en la misma localización derivan en la competitividad del conjunto. (P. 53)

En síntesis, el cluster se relaciona con la idea de ser un aprendizaje en conjunto cuyos miembros enlazados constituyen un sistema de valor.


Ahora bien, los desarrollos teóricos de Francisco Alburquerque, economista español, pueden incluirse en esta clasificación. En su artículo publicado en el 2004, en la revista de la Cepal, llamado “Desarrollo Económico Local y Descentralización en América Latina”, éste autor dilucida los objetivos, la agencia y los criterios de acción del Desarrollo Económico Local.

En dicho documento, Alburquerque plantea los presupuestos sobre el origen, componentes y la concepción sobre el enfoque de Desarrollo Económico Local o DEL, comprendidos en los siguientes términos (Alburquerque: 2004; pp. 158 y 170):


Fue la crisis del modelo fordista de producción la que condujo al redescubrimiento teórico de formas de producción flexible a nivel local, aun cuando no se debe concebir como un modelo de industrialización posfordista contrapuesto al funcionamiento de la gran empresa ya que la integra en su enfoque.

Lo anterior va relacionado con que el pensamiento económico tradicional tomó como unidad de análisis a la empresa o al sector económico, desvinculándolos de su entorno territorial el cual fue reducido a un espacio uniforme e indiferenciado.


El enfoque de DEL destaca los valores territoriales, de identidad, diversidad y flexibilidad que han existido en formas de producción basadas en procesos de producción distintos a los industriales y en las características generales y locales de un territorio determinado.

De allí que Alburquerque se refiera a un entorno territorial como el agrupamiento o la aglomeración de empresas que aprovechan unas relaciones de interdependencia entre sí, pero también con otros agrupamientos de empresas pretendiendo que lo que compita no sea la empresa aislada sino la red construida y el territorio como tal. En este contexto, éste autor asigna un papel preponderante al conocimiento en la producción y hasta un patrimonio compartido por la comunidad local.


Para Alburquerque, la idea de DEL es “un enfoque alternativo al de las políticas asistenciales de superación de la pobreza que busca incidir en la generación de empleo e ingresos mediante la mejora de la productividad y competitividad de diferentes sistemas productivos locales (2004; p. 170)”.

Luego de estudiar diferentes iniciativas de desarrollo económico local en América Latina, Francisco Alburquerque concluyó que el principal objetivos de las mismas giraban en torno a temas como la mayor valorización de los recursos endógenos de cada ámbito local a través del impulso de actividades de diversificación productiva y promoción de nuevas empresas locales.


Otros objetivos referenciados en el DEL son la organización de redes locales entre actores públicos y privados para promover la innovación productiva y empresarial del territorio y el establecimiento de consorcios municipales a fin de incrementar la eficacia y la eficiencia de las actividades de desarrollo local.

La lista de objetivos que encontró Alburquerque es larga. Además de los anteriores menciona, la búsqueda de nuevas fuentes de empleo e ingresos a nivel local, la promoción de actividades de desarrollo científico y tecnológico a nivel territorial y la creación de nuevos instrumentos de financiamiento para atender a las microempresas y pequeñas empresas locales.

En un último grupo de objetivos, el autor español habla de la superación de las limitaciones de lo que denomina “enfoque asistencialista” implícito en los fondos de inversión social y en los programas de lucha contra la pobreza, la incorporación de políticas de comercialización de ciudades para promover la competitividad sistemática territorial y la búsqueda de acuerdos estratégicos en relación con los bienes ambientales y el desarrollo sustentable.


La agencia de estos objetivos la ejerce tanto el gobierno local como del sector empresarial. El diseño de Alburquerque incluye que el consenso de los diferentes actores locales produzca una estrategia territorial de desarrollo económico local que comprometa tres metas preestablecidas: 1) la incorporación de innovaciones basadas en la calidad, 2) la diferenciación de los productos y procesos productivos, 3) el fomento de microempresas y pequeñas empresas locales y la capacitación de recursos humanos según los requerimientos de innovación del sistema productivo local.

El consenso de la mencionada estrategia territorial demanda una actitud proactiva por parte de los gobiernos locales (y regionales) en relación con el desarrollo productivo, la generación de empleo y la participación de los diferentes actores sociales en la discusión de los problemas locales.


Sin embargo, la estrategia territorial puede iniciarse también a partir de la coordinación territorial de algunos programas e instrumentos de fomento sectoriales definidos desde el nivel central pero a ejecutarse territorialmente.

Ahora bien, la iniciativa de DEL es un camino que debe institucionalizarse, según Alburquerque, mediante el logro de los necesarios acuerdos de tipo político y social en los ámbitos territoriales correspondientes y la mayor participación posible de actores locales.

Con esto se pretende dotar a esas iniciativas de los mayores niveles posibles de certidumbre ante eventuales cambios políticos.


Así entonces, después de planteados los objetivos y la agencia del DEL, la acción del mismo se desarrolla en el marco de criterios que son necesarios para su práctica:

1. La construcción de una oferta territorial de servicios de información que las microempresas y pequeñas empresas necesitan en cuanto a tecnología, mercados, innovación de productos y procesos productivos, capacitación técnica y gestión empresarial, cooperación entre empresas, comercialización y control de calidad, así como asesoramiento financiero (P. 165).

2. La identificación de unidades empresariales y de eslabonamientos productivos para comprender la estructura de la producción y comercialización de las actividades más significativas para la economía local y delinear la acción en materia de DEL (P. 166)

3. La relevancia de una política territorial de fomento productivo de las microempresas y pequeñas empresas que refuerce capacidades empresariales, encadenamientos de las empresas y la articulación interna de las economías locales (P. 166).

4. El aprovechamiento de oportunidades existentes de dinamismo externo.

5. Acceso a crédito para microempresas y pequeñas empresas por medio de fondos locales ante la dificultad de muchas unidades productivas para reunir condiciones exigidas en los instrumentos de fomento productivo existentes por falta de avales bancarios, el pequeño volumen de venta anual o la situación de informalidad.

6. Fomento a la Asociatividad y a la cooperación entre las microempresas y pequeñas Empresas para fortalecer los eslabonamientos productivos (167).

7. La necesidad de vincular a las universidades regionales y los centros de investigación científica y tecnológica en los sistemas productivos locales

8. La dotación de infraestructura básica que supere la existente que responde casi exclusivamente a la lógica de las actividades de las grandes empresas. (168)

9. Esclarecer el papel del estado central en el contexto específico de las iniciativas de desarrollo económico local.Reclama no solo inversiones en infraestructura física sino en activos intangibles como por ejemplo en la construcción de redes de actores locales o en la construcción de los mercados de factores y servicios estratégicos para el desarrollo de la microempresa y la pequeña empresa en los distintos sistemas productivos locales.También reclama, no solo el impulso de la descentralización sino la adopción de un marco normativo y regulatorio para la promoción del DEL (168)

10. Es necesario mecanismos de evaluación, indicadores de construcción de capital social e institucional

11. Coordinación inter- institucional de distintos niveles territoriales de la administración pública, en las instancias locales debe haber instituciones capaces de coordinar las actuaciones dispersas de las ONG y las entidades de cooperación internacional. (169)

12. Complementariedad entre los fondos de inversión social y los recursos para promover el DEL

¿Qué es Desarrollo?


CAPITULO I
MARCO TEORICO

1.1. ¿Qué es Desarrollo?

Desde la Antropología del Desarrollo, Arturo Escobar clasifica en tres momentos la conceptualización sobre el desarrollo ocurrida durante los últimos cincuenta años, correspondientes a tres orientaciones teóricas contrastantes: la teoría de la modernización en las décadas de los cincuenta y sesenta, con sus teorías aliadas de crecimiento y desarrollo; la teoría de la dependencia y perspectivas relacionadas en los años sesenta y setenta; y aproximaciones críticas al desarrollo como discurso cultural en la segunda mitad de la década de los ochenta y los años noventa. (Escobar: 2005; p. 18)

La teoría de la modernización relacionó el desarrollo con los efectos benéficos del capital, la ciencia y la tecnología. La teoría de la dependencia señaló como raíces del subdesarrollo a la conexión entre dependencia externa y explotación interna y no a la carencia de capital, tecnología o valores modernos. Desde los años ochenta se cuestiona el concepto mismo del desarrollo principalmente por un creciente número de críticos culturales en muchas partes del mundo quienes lo consideran como un discurso de origen occidental que ha operado como un poderoso mecanismo para la producción cultural, social y económica del Tercer Mundo (2005; p. 18)

Situándose en este último punto de vista, el desarrollo como discurso histórico surgió a principios del período posterior a la Segunda Guerra Mundial posibilitando la creación de un aparato institucional por medio del cual dicho discurso se convirtió en una fuerza social real y efectiva, como lo denomina Escobar, transformando la realidad económica, social, cultural y política de las sociedades de lo que en el mismo momento se denominó como tercer mundo. (p. 19)

Escobar recuerda dos mecanismos mediante los cuales el discurso del desarrollo ha operado. El primero, la profesionalización de problemas de desarrollo, que incluye el surgimiento de conocimientos especializados así como campos que trabajan los aspectos del “subdesarrollo” (incluyendo el campo en sí de estudios del desarrollo). El segundo, la institucionalización del desarrollo, es decir, la vasta red de organizaciones que comprenden las instituciones de Bretton Woods (p. ej. el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional) y otras organizaciones internacionales (p. ej. el sistema de la Organización de Naciones Unidas) hasta las agencias nacionales de planificación y desarrollo, así como proyectos de desarrollo a escala local. (p. 19)

Desde otro campo de las ciencias sociales, el teórico del Desarrollo Local, José Arocena también sitúa los orígenes de la noción de desarrollo en el orden mundial compuesto en el periodo posterior a la segunda guerra mundial en el cual las naciones que protagonizaron la guerra se asignan un proceso de reconstrucción, mientras que para el llamado tercer mundo se asignó un proceso de desenvolvimiento o desarrollo.

Arocena muestra que el proceso mencionado fue planteado en los restringidos términos de recorrer un camino predeterminado por “leyes naturales” que van marcando etapas, avances y la superación de los bloqueos originados en ciertas tradiciones locales. Es decir, los países llamados “centrales” plantearon el Desarrollo como un proceso determinado por unas leyes construidas por otros en el cual los países en desarrollo deben seguir una línea evolutiva cuyo punto de llegada es la prefijada sociedad industrializada (Arocena: 2002; P. 5)

Otro teórico del desarrollo, desde una concepción liberal de la economía, Amartya Sen ha propuesto la clasificación de dos corrientes principales de pensamiento en torno al tema. Por una parte, la concepción del desarrollo como proceso inherentemente cruel basado en “sangre, sudor y lágrimas” o modelo BLAST por sus siglas en inglés (Blood, sweat and tears). Por otra parte, destaca la concepción del desarrollo según el modelo GALA, getting by, with little assistance, en alusión al papel del sector público como proporcionador y estimulador de servicios básicos.

En extenso, el modelo BLAST ha sido aquella forma de pensar el desarrollo como la aceptación de sacrificios necesarios en el presente como prestaciones sociales reducidas, desigualdad social, autoritarismo para el logro de un crecimiento económico futuro (Sen: 2000; p. 6).

Este modelo encuentra un nicho en el hecho de que la primacía del concepto de acumulación de capital ha sido una característica permanente del pensamiento económico de posguerra y en el supuesto de las trayectorias de crecimiento optimo que implican limitar los niveles de bienestar a corto plazo para obtener mayores beneficios en el futuro (2000; p.6).

En Amartya Sen se encuentra una crítica a considerar el desarrollo como únicamente el incremento de ingresos o de la acumulación de capital económico o la mejora únicamente del capital físico. A través de su examen al modelo BLAST, fustiga a los que consideran un error priorizar medidas distributivas o equitativas en las etapas tempranas del desarrollo pensando que los beneficios “irrigaran a todos por igual” a su debido tiempo a través del efecto de “filtración” (p. 8)

En contraste, la concepción GALA del desarrollo armoniza la interdependencia entre el mejorar el bienestar social y estimular la capacidad productiva y el desarrollo potencial de una economía mediante el planteamiento de nuevas formulas que tengan en cuenta la correlación existente entre la productividad económica y la educación, la atención de la salud, la alimentación y aspectos familiares (p. 7)

Amartya Sen es proclive al modelo GALA del desarrollo concibiendo este como:
“la eliminación de las principales fuentes de privación de libertad: la pobreza y la tiranía, la escasez de oportunidades económicas y las privaciones sociales sistemáticas, el abandono en que pueden encontrarse los servicios públicos y la intolerancia o el exceso de intervención de los estados represivos, negación de libertades civiles y políticas". (Sen: 2000; p. 1)

Entre los estudiosos del desarrollo existe consenso sobre las limitaciones de un concepto únicamente referido al aspecto económico y proponen el matiz de no reducir el desarrollo al crecimiento del Producto Interno Bruto de un territorio, mientras se descuidan aspectos relativos a la calidad de vida de la población, como lo recuerda L. Martínez. (Martínez: 2006; p.90)

Por ello cabe destacar varias definiciones que diferentes autores han realizado sobre el concepto de Desarrollo:

El sociólogo de la Cepal Celso Furtado lo entiende como:
“un proceso de activación y canalización de fuerzas sociales, de avance en la capacidad asociativa, de ejercicio de la iniciativa y de la inventiva. Por lo tanto, se trata de un proceso social y cultural, y sólo secundariamente económico. Se produce el desarrollo cuando en la sociedad se manifiesta una energía, capaz de canalizar, de forma convergente, fuerzas que estaban latentes o dispersas (en Boisier 2003, p.1)”.

Por su parte, el economista, el sociólogo y el filósofo Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde y Martín Hopenhayn, respectivamente, entienden que:
“El Desarrollo se concentra y sustenta en la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales, en la generación de niveles crecientes de autodependencia y en la articulación orgánica de los seres humanos con la naturaleza y la tecnología, de los procesos globales con los comportamientos locales, de lo personal con lo social, de la planificación con la autonomía y de la Sociedad Civil con el Estado (en Boisier 2003, p. 7)”

El desarrollo es una propiedad emergente de un sistema territorial dinámico, complejo, adaptativo y altamente sinergizado (Boisier: 2003; p. 8).

Acudiendo al campo social de la complejidad, Boisier se refiere a que las propiedades emergentes se definen como “fenómenos culturales y sociales que emergen de las interacciones e intercambios entre los miembros de un sistema social” (2003; p. 8).

Esta propiedad emergente ocurre en un sistema dinámico complejo (o un proceso dinámicamente complejo), entendido como una situación en la cual interactúan muchos elementos. Esta característica también implica que el sistema territorial es difícilmente predecible (p. 11).

Desde ésta perspectiva, entonces, el desarrollo depende de la interacción, es decir, de la conectividad y de la interactividad entre muchos factores y procesos como por ejemplo, procesos de relaciones de confianza, del papel de las instituciones, de la justicia, de la libertad, del conocimiento socializado en una comunidad, del conocimiento y de las destrezas de las personas, de la salud, de los sentimientos, de la autoconfianza, de elementos simbólicos que constituyen formas de poder, entre otros (p. 11).

La sinapsis es la portadora de introducir al sistema energía exógena como el conocimiento, y de potenciar la energía endógena que se representa en la socialización del conocimiento tácito, el autoestima colectiva y la autoconfianza (p. 13).

Sin embargo, la conexión o la conectividad, sinapsis en el lenguaje del pensamiento de la complejidad, no basta para la emergencia del desarrollo. Se requiere de la construcción paulatina de una red de alta densidad, una verdadera “maraña” de conexiones a través de las cuales fluya información que sea sinérgica.

El propio Boisier cita la definición de Sinergia realizada por el científico social Eric Sommer: “un sistema de interacciones entre dos o más actores o centros de acción”. La sinergia implica un conjunto de seres, cada uno de los cuales aporta su particular carácter a las interacciones existentes entre ellos. Dicho carácter, a la vez, incluye las potencialidades, disponibilidades, experiencias, creencias y objetivos que hacen parte de la visión de mundo de los diferentes seres.

La Sinergia también contiene las interacciones y los patrones interactivos desarrollados entre los seres. Además de esto, la sinergia implica que los participantes se sirvan unos a otros como medios o instrumentos para llegar a otros participantes (p. 12).

Dos seres o más, interactúan o trabajan juntos de cualquier manera y por cualquiera razón, no necesariamente por un propósito común. Sin embargo, la sinergia que envuelve un propósito común es una clase especial que Boisier denomina “organismo” u “organización” ya que la acción de ‘Organizar’ es “el acto o el proceso de coordinar y coadaptar un conjunto de participantes para el logro de un propósito común” (p. 12).

Al proponer un propósito común en el marco de un discurso de desarrollo, Boisier elabora el concepto de sinergia cognitiva en referencia a la capacidad colectiva para realizar acciones en común sobre la base de una misma interpretación de la realidad y de sus posibilidades de cambio, para lo cual le conviene poner en práctica procesos dialógicos o conversaciones sociales que generen nuevos significados y compromisos que permitan explorar el espacio de posibilidad. (p. 13)

Así, para que el desarrollo emerja, según Boisier habría que trabajar en dirección a introducir complejidad en el sistema territorial, llámese región, provincia, comuna.

Un ejemplo de introducir la complejidad en el análisis o en la gestión de un sistema territorial es ampliar la variedad de actividades y organizaciones, dotar a las instituciones de capacitación para establecer regulaciones, estimular una creciente división del trabajo, ampliar la malla de conexiones, incrementar el flujo interactivo, aumentar la proporción de operaciones de cualquier clase, financieras, comerciales, tecnológicas, entre otras; que tengan su inicio y/o su término adentro y/o afuera del sistema (p. 13).

Esta dirección hacia el desarrollo incluye favorecer la sinapsis. Como se explicó, se trata de la transmisión de información entre los componentes sistémicos mediante la conformación de redes y mediante el uso de los medios tradicionales de difusión de la información.

Además de emerger de un contexto en sinapsis y sinergia, el desarrollo está armado por una estructura de sub-sistemas locales agrupados en valores, actores, organizaciones públicas y privadas, procedimientos, capital económico y los capitales intangibles.

Desde un marco de pensamiento liberal, para Boisier valores como libertad, democracia, justicia, paz, solidaridad, igualdad entendida como equidad o ausencia de discriminación, ética, heterogeneidad y alteridad, son herramientas esenciales y generales de un proceso de desarrollo. En adición, contempla que los territorios comprenden valores particulares que confieren una identidad que unifica hacia adentro y distingue hacia fuera.

Boisier responsabiliza el papel de portadores de desarrollo a los actores, individuales, corporativos, colectivos, públicos y privados, en tanto portadores de poder efectivo como para incidir en el curso de los acontecimientos.

Además de mostrar interés en las propiedades de las organizaciones para adaptarse a la cambiante demanda del entorno[1] prepondera las multiples posibilidades de asociarse:
“La asociatividad entre el sector público y el privado; entre empresas, gobierno, y el circulo de la investigación científica y tecnológica para posibilitar procesos de aprendizaje colectivo e innovación; entre empresas y cadenas de valor para generar agrupaciones o clusters; y entre territorios mismos para dar origen a regiones asociativas y regiones virtuales (2003; p.15)”.

Por otro lado, Boisier enfoca los procedimientos desde aquel conjunto de modalidades mediante las cuales el gobierno local gobierna, administra, informa y posiciona en el entorno a su propio territorio utilizando estrategias para la atracción de capital y tecnología basadas en lo que denomina Boisier como “marketing territorial”.

Dentro de este factor, Boisier también menciona la capacidad de conducción social, la legitimidad popular, la autoridad del gobierno local para diseñar y ejecutar sus decisiones, así como la generación de poder mediante el consenso social y la concertación de fuerzas políticas.

La acumulación o el capital económico es otro subsistema del desarrollo dada la necesidad del flujo de inversión eficientemente aplicada para sostener en el largo plazo una práctica de desarrollo, pero a la vez, los Capitales Intangibles son prioritarios para un territorio en lo cognitivo, el simbólico, cultural, social, institucional, humano y sinergético.

(1) Su resiliencia, la velocidad de sus procesos de decisión, su identidad con el propio territorio y su inteligencia organizacional y el clima de conflicto entre las mismas (Boisier: 2003; p.15). )

sesion 1 Parcelero propietario pero con tramites con el INCODER que trabaja con la CDS

No estan visionando la cosa hacia un futuro, ellos siembran una palma que trae efectos a largo plazo, a 30 años, la pregunta sería, despues de esos 30 añor ya que esos terrenos queden que no sirven que. Qué tenemos nosotros ahí?, No tenemos ninguna condicion para nuestros hijos para el futuro. La diferencia seria que nosotros como organización lo que estamos buscando es la seguridad alimentaria y la sostenibilidad de las tierras, que sean diversos los cultivos.
Actualmente nosotros tenemos proyectos de cultivos de Guanabana, Mango, e intercalando con productos anuales como el Maiz , Yuca, Arroz que aseguran nuestra seguridad alimentaria. Aquí a la palma, ellos lo que buscan es el beneficio economico de unos cuantos
A.G: Hay diferencia, por ejemplo tu eres propietario de tierra?
P: Si yo tengo una parcela,
A.G: Y aun asi no le jalas al negocio
P: no le jalo a la palma, a mi me han llegado proponiendo, me han brindado miles de cosas buenas que dicen ellos
A.G: Y de qué se trata la propuesta, qué les ofrecen?
P: La propuesta de ellos es que … actualmente las parcela mia estan comprometidas con el INCODER, no tengo crédito en el banco agrario como otros pero… si estan comprometidas con unos titulos y nosotros tenemos que pagar esas tierras pero como nosotros tuvimos el problema del desplazamiento, entonces lo que ellos vienen es: llegaron donde mi los señores de la palma, me dijeron que metiera la tierra en palma que ellos pagaban la deuda, osea que les vendiera la mejora que yo habia hecho, ellos me pagaban como una indemnizacion por el tiempo en que yo tenia la tierra y que ellos sembraban la palma
A.G: Quien te hizo esa oferta
P: O sea ellos tienen comisionistas que van de parcela en parcela…
A.G: Los de INCODER?P: No, los de ASOPALMA. Ellos tienen comisionistas que se encargan de ir de campesino en campesino buscando las tierras, entonces ellos van poniendo propuestas que uno las ve como maravillosas pero si uno se pone a pensar en el futuro qué le dejo yo a mis hijos si yo siembro lo poquito que tengo en palma
A.G: Y cuanto te pagaban el arriendo?
P: El arreglo que ellos quieren es sacarlo a uno pagando las mejoras, por ejemplo si tengo hasta el momento 19 hectareas de tierra, ellos no van a pagar el valor de las19 hectareas de tierra, ellos me ofrecieron a mi 25 millones
A.G: Anuales
P: No, definitivo, yo le voy a vender a ellos mi propiedad, por las 19 hectareas, 25 millones , pero como la tierra esta endeudada entonces ellos me dan los 25 millones a mi y ellos le pagan a INCODER,
A.G: Y ese contrato contigo seria entonces un contrato de venta
P: De venta, eso es tremendo, hay campesinos que yo se que han accedido, hay 7 campesinos que han vendido las tierras , asi de esa manera.
A.G: Ese ASOPALMA es el mismo de Murgas?
P.Es el mismo
A.G: Pero tu entonces tenias que salir de esa tierra, era una venta
P: Claro, claro, es que si yo les vendo a ellos las mejoras que ellos dicen , yo les estoy entregando todos mis terrenos y el titulo, ellos en seguida llaman al INCODER se hacen acreedores de la deuda pero ellos se montan como propietarios de la tierra y ami me sacan, ya yo quedo en el aire, pero que voy a hacer con 25 millones si yo no estoy preparado pa manejar una empresa , pa manejar nada, yo lo que quiero es mi tierra, yo lo que quiero es cultivar mi yuca, mi arroz, tenemos una organización que esta encaminada hacia eso, a la no permision de la venta de las parcelas concientizando a los campesinos pa que no la vendan y mas que todo generalizando la seguridad alimentaria y la diversidad de sembrados.