CAPITULO I
MARCO TEORICO
1.1. ¿Qué es Desarrollo?
MARCO TEORICO
1.1. ¿Qué es Desarrollo?
Desde la Antropología del Desarrollo, Arturo Escobar clasifica en tres momentos la conceptualización sobre el desarrollo ocurrida durante los últimos cincuenta años, correspondientes a tres orientaciones teóricas contrastantes: la teoría de la modernización en las décadas de los cincuenta y sesenta, con sus teorías aliadas de crecimiento y desarrollo; la teoría de la dependencia y perspectivas relacionadas en los años sesenta y setenta; y aproximaciones críticas al desarrollo como discurso cultural en la segunda mitad de la década de los ochenta y los años noventa. (Escobar: 2005; p. 18)
La teoría de la modernización relacionó el desarrollo con los efectos benéficos del capital, la ciencia y la tecnología. La teoría de la dependencia señaló como raíces del subdesarrollo a la conexión entre dependencia externa y explotación interna y no a la carencia de capital, tecnología o valores modernos. Desde los años ochenta se cuestiona el concepto mismo del desarrollo principalmente por un creciente número de críticos culturales en muchas partes del mundo quienes lo consideran como un discurso de origen occidental que ha operado como un poderoso mecanismo para la producción cultural, social y económica del Tercer Mundo (2005; p. 18)
Situándose en este último punto de vista, el desarrollo como discurso histórico surgió a principios del período posterior a la Segunda Guerra Mundial posibilitando la creación de un aparato institucional por medio del cual dicho discurso se convirtió en una fuerza social real y efectiva, como lo denomina Escobar, transformando la realidad económica, social, cultural y política de las sociedades de lo que en el mismo momento se denominó como tercer mundo. (p. 19)
Escobar recuerda dos mecanismos mediante los cuales el discurso del desarrollo ha operado. El primero, la profesionalización de problemas de desarrollo, que incluye el surgimiento de conocimientos especializados así como campos que trabajan los aspectos del “subdesarrollo” (incluyendo el campo en sí de estudios del desarrollo). El segundo, la institucionalización del desarrollo, es decir, la vasta red de organizaciones que comprenden las instituciones de Bretton Woods (p. ej. el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional) y otras organizaciones internacionales (p. ej. el sistema de la Organización de Naciones Unidas) hasta las agencias nacionales de planificación y desarrollo, así como proyectos de desarrollo a escala local. (p. 19)
Desde otro campo de las ciencias sociales, el teórico del Desarrollo Local, José Arocena también sitúa los orígenes de la noción de desarrollo en el orden mundial compuesto en el periodo posterior a la segunda guerra mundial en el cual las naciones que protagonizaron la guerra se asignan un proceso de reconstrucción, mientras que para el llamado tercer mundo se asignó un proceso de desenvolvimiento o desarrollo.
Arocena muestra que el proceso mencionado fue planteado en los restringidos términos de recorrer un camino predeterminado por “leyes naturales” que van marcando etapas, avances y la superación de los bloqueos originados en ciertas tradiciones locales. Es decir, los países llamados “centrales” plantearon el Desarrollo como un proceso determinado por unas leyes construidas por otros en el cual los países en desarrollo deben seguir una línea evolutiva cuyo punto de llegada es la prefijada sociedad industrializada (Arocena: 2002; P. 5)
Otro teórico del desarrollo, desde una concepción liberal de la economía, Amartya Sen ha propuesto la clasificación de dos corrientes principales de pensamiento en torno al tema. Por una parte, la concepción del desarrollo como proceso inherentemente cruel basado en “sangre, sudor y lágrimas” o modelo BLAST por sus siglas en inglés (Blood, sweat and tears). Por otra parte, destaca la concepción del desarrollo según el modelo GALA, getting by, with little assistance, en alusión al papel del sector público como proporcionador y estimulador de servicios básicos.
En extenso, el modelo BLAST ha sido aquella forma de pensar el desarrollo como la aceptación de sacrificios necesarios en el presente como prestaciones sociales reducidas, desigualdad social, autoritarismo para el logro de un crecimiento económico futuro (Sen: 2000; p. 6).
Este modelo encuentra un nicho en el hecho de que la primacía del concepto de acumulación de capital ha sido una característica permanente del pensamiento económico de posguerra y en el supuesto de las trayectorias de crecimiento optimo que implican limitar los niveles de bienestar a corto plazo para obtener mayores beneficios en el futuro (2000; p.6).
En Amartya Sen se encuentra una crítica a considerar el desarrollo como únicamente el incremento de ingresos o de la acumulación de capital económico o la mejora únicamente del capital físico. A través de su examen al modelo BLAST, fustiga a los que consideran un error priorizar medidas distributivas o equitativas en las etapas tempranas del desarrollo pensando que los beneficios “irrigaran a todos por igual” a su debido tiempo a través del efecto de “filtración” (p. 8)
En contraste, la concepción GALA del desarrollo armoniza la interdependencia entre el mejorar el bienestar social y estimular la capacidad productiva y el desarrollo potencial de una economía mediante el planteamiento de nuevas formulas que tengan en cuenta la correlación existente entre la productividad económica y la educación, la atención de la salud, la alimentación y aspectos familiares (p. 7)
Amartya Sen es proclive al modelo GALA del desarrollo concibiendo este como:
“la eliminación de las principales fuentes de privación de libertad: la pobreza y la tiranía, la escasez de oportunidades económicas y las privaciones sociales sistemáticas, el abandono en que pueden encontrarse los servicios públicos y la intolerancia o el exceso de intervención de los estados represivos, negación de libertades civiles y políticas". (Sen: 2000; p. 1)
Entre los estudiosos del desarrollo existe consenso sobre las limitaciones de un concepto únicamente referido al aspecto económico y proponen el matiz de no reducir el desarrollo al crecimiento del Producto Interno Bruto de un territorio, mientras se descuidan aspectos relativos a la calidad de vida de la población, como lo recuerda L. Martínez. (Martínez: 2006; p.90)
Por ello cabe destacar varias definiciones que diferentes autores han realizado sobre el concepto de Desarrollo:
El sociólogo de la Cepal Celso Furtado lo entiende como:
“un proceso de activación y canalización de fuerzas sociales, de avance en la capacidad asociativa, de ejercicio de la iniciativa y de la inventiva. Por lo tanto, se trata de un proceso social y cultural, y sólo secundariamente económico. Se produce el desarrollo cuando en la sociedad se manifiesta una energía, capaz de canalizar, de forma convergente, fuerzas que estaban latentes o dispersas (en Boisier 2003, p.1)”.
Por su parte, el economista, el sociólogo y el filósofo Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde y Martín Hopenhayn, respectivamente, entienden que:
“El Desarrollo se concentra y sustenta en la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales, en la generación de niveles crecientes de autodependencia y en la articulación orgánica de los seres humanos con la naturaleza y la tecnología, de los procesos globales con los comportamientos locales, de lo personal con lo social, de la planificación con la autonomía y de la Sociedad Civil con el Estado (en Boisier 2003, p. 7)”
El desarrollo es una propiedad emergente de un sistema territorial dinámico, complejo, adaptativo y altamente sinergizado (Boisier: 2003; p. 8).
Acudiendo al campo social de la complejidad, Boisier se refiere a que las propiedades emergentes se definen como “fenómenos culturales y sociales que emergen de las interacciones e intercambios entre los miembros de un sistema social” (2003; p. 8).
Esta propiedad emergente ocurre en un sistema dinámico complejo (o un proceso dinámicamente complejo), entendido como una situación en la cual interactúan muchos elementos. Esta característica también implica que el sistema territorial es difícilmente predecible (p. 11).
Desde ésta perspectiva, entonces, el desarrollo depende de la interacción, es decir, de la conectividad y de la interactividad entre muchos factores y procesos como por ejemplo, procesos de relaciones de confianza, del papel de las instituciones, de la justicia, de la libertad, del conocimiento socializado en una comunidad, del conocimiento y de las destrezas de las personas, de la salud, de los sentimientos, de la autoconfianza, de elementos simbólicos que constituyen formas de poder, entre otros (p. 11).
La sinapsis es la portadora de introducir al sistema energía exógena como el conocimiento, y de potenciar la energía endógena que se representa en la socialización del conocimiento tácito, el autoestima colectiva y la autoconfianza (p. 13).
Sin embargo, la conexión o la conectividad, sinapsis en el lenguaje del pensamiento de la complejidad, no basta para la emergencia del desarrollo. Se requiere de la construcción paulatina de una red de alta densidad, una verdadera “maraña” de conexiones a través de las cuales fluya información que sea sinérgica.
El propio Boisier cita la definición de Sinergia realizada por el científico social Eric Sommer: “un sistema de interacciones entre dos o más actores o centros de acción”. La sinergia implica un conjunto de seres, cada uno de los cuales aporta su particular carácter a las interacciones existentes entre ellos. Dicho carácter, a la vez, incluye las potencialidades, disponibilidades, experiencias, creencias y objetivos que hacen parte de la visión de mundo de los diferentes seres.
La Sinergia también contiene las interacciones y los patrones interactivos desarrollados entre los seres. Además de esto, la sinergia implica que los participantes se sirvan unos a otros como medios o instrumentos para llegar a otros participantes (p. 12).
Dos seres o más, interactúan o trabajan juntos de cualquier manera y por cualquiera razón, no necesariamente por un propósito común. Sin embargo, la sinergia que envuelve un propósito común es una clase especial que Boisier denomina “organismo” u “organización” ya que la acción de ‘Organizar’ es “el acto o el proceso de coordinar y coadaptar un conjunto de participantes para el logro de un propósito común” (p. 12).
Al proponer un propósito común en el marco de un discurso de desarrollo, Boisier elabora el concepto de sinergia cognitiva en referencia a la capacidad colectiva para realizar acciones en común sobre la base de una misma interpretación de la realidad y de sus posibilidades de cambio, para lo cual le conviene poner en práctica procesos dialógicos o conversaciones sociales que generen nuevos significados y compromisos que permitan explorar el espacio de posibilidad. (p. 13)
Así, para que el desarrollo emerja, según Boisier habría que trabajar en dirección a introducir complejidad en el sistema territorial, llámese región, provincia, comuna.
Un ejemplo de introducir la complejidad en el análisis o en la gestión de un sistema territorial es ampliar la variedad de actividades y organizaciones, dotar a las instituciones de capacitación para establecer regulaciones, estimular una creciente división del trabajo, ampliar la malla de conexiones, incrementar el flujo interactivo, aumentar la proporción de operaciones de cualquier clase, financieras, comerciales, tecnológicas, entre otras; que tengan su inicio y/o su término adentro y/o afuera del sistema (p. 13).
Esta dirección hacia el desarrollo incluye favorecer la sinapsis. Como se explicó, se trata de la transmisión de información entre los componentes sistémicos mediante la conformación de redes y mediante el uso de los medios tradicionales de difusión de la información.
Además de emerger de un contexto en sinapsis y sinergia, el desarrollo está armado por una estructura de sub-sistemas locales agrupados en valores, actores, organizaciones públicas y privadas, procedimientos, capital económico y los capitales intangibles.
Desde un marco de pensamiento liberal, para Boisier valores como libertad, democracia, justicia, paz, solidaridad, igualdad entendida como equidad o ausencia de discriminación, ética, heterogeneidad y alteridad, son herramientas esenciales y generales de un proceso de desarrollo. En adición, contempla que los territorios comprenden valores particulares que confieren una identidad que unifica hacia adentro y distingue hacia fuera.
Boisier responsabiliza el papel de portadores de desarrollo a los actores, individuales, corporativos, colectivos, públicos y privados, en tanto portadores de poder efectivo como para incidir en el curso de los acontecimientos.
Además de mostrar interés en las propiedades de las organizaciones para adaptarse a la cambiante demanda del entorno[1] prepondera las multiples posibilidades de asociarse:
“La asociatividad entre el sector público y el privado; entre empresas, gobierno, y el circulo de la investigación científica y tecnológica para posibilitar procesos de aprendizaje colectivo e innovación; entre empresas y cadenas de valor para generar agrupaciones o clusters; y entre territorios mismos para dar origen a regiones asociativas y regiones virtuales (2003; p.15)”.
Por otro lado, Boisier enfoca los procedimientos desde aquel conjunto de modalidades mediante las cuales el gobierno local gobierna, administra, informa y posiciona en el entorno a su propio territorio utilizando estrategias para la atracción de capital y tecnología basadas en lo que denomina Boisier como “marketing territorial”.
Dentro de este factor, Boisier también menciona la capacidad de conducción social, la legitimidad popular, la autoridad del gobierno local para diseñar y ejecutar sus decisiones, así como la generación de poder mediante el consenso social y la concertación de fuerzas políticas.
La acumulación o el capital económico es otro subsistema del desarrollo dada la necesidad del flujo de inversión eficientemente aplicada para sostener en el largo plazo una práctica de desarrollo, pero a la vez, los Capitales Intangibles son prioritarios para un territorio en lo cognitivo, el simbólico, cultural, social, institucional, humano y sinergético.
(1) Su resiliencia, la velocidad de sus procesos de decisión, su identidad con el propio territorio y su inteligencia organizacional y el clima de conflicto entre las mismas (Boisier: 2003; p.15). )
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