jueves, 8 de octubre de 2009

SEGUNDO ENFOQUE DEL DESARROLLO LOCAL

1.1.1. El desarrollo local como un proceso endógeno de cambio estructural.
El segundo enfoque que Boisier establece en su clasificación sobre las diferentes perspectivas del desarrollo local.
En la literatura sobre desarrollo endógeno se pueden distinguir dos perspectivas dominantes. Por un lado, una perspectiva recurre a los elementos de la teoría de la localización y de la aglomeración espacial de los agentes económicos en tanto los considera primordiales para el crecimiento económico endógeno y al desarrollo endógeno.
En el caso del economista español Antonio Vázquez Barquero, el desarrollo es endógeno cuando el territorio no es un receptor pasivo de las estrategias de las grandes empresas o de las organizaciones externas, sino que tiene una estrategia propia que le permite incidir en la dinámica económica local con base en la activación de la difusión de las innovaciones y del conocimiento[1], la organización flexible de la producción[2], la densidad del tejido institucional o “red” de instituciones que estructuran el entorno en el que las empresas están radicadas[3] y el desarrollo urbano del territorio como el espacio propicio para la generación de redes y, en general, para las externalidades positivas que producen estos factores (Vázquez Barquero: 2000; p. 54-58).

Esta definición no se diferencia de la de Alburquerque y su ubicación en este enfoque obedece más a la forma semántica de su título que le ha dado Vázquez- Barquero que a su contenido en sí.
Por otro lado, se ubica la perspectiva que tiene en cuenta otras dimensiones y no solo la económica, en las que se pueden entender la endogeneidad de los procesos de cambio territorial.
En este enfoque se ubica la interpretación de Sergio Boisier sobre el desarrollo endógeno situando el análisis de la endogeneidad del desarrollo no solo en el plano económico sino también político, científico-tecnológico y cultural.
“La endogeneidad en el plano político se muestra como una creciente capacidad regional para tomar las decisiones relevantes en relación a diferentes opciones de desarrollo, diferentes estilos de desarrollo y en relación al uso de los instrumentos correspondientes; es decir, la capacidad de diseñar y ejecutar políticas de desarrollo, y sobre todo, la capacidad de negociar. En el plano económico referido a la retención local y reinversión del excedente. La endogeneidad es también interpretada en el plano científico-tecnológico o capacidad interna de un sistema para generar sus propios impulsos tecnológicos de cambio; y en el plano de la cultura, como una matriz generadora de la identidad socio-territorial (Boisier: 1999, 21)”.
La endogeneidad en lo político, entonces, se muestra en una capacidad regional que decide las opciones de desarrollo por las que se quiere ir, representado esto en términos de diseño y ejecución de políticas, pero también en la capacidad de negociación entre los actores.
En lo económico, la endogeneidad se demostraría al reinvertir el excedente de lo producido y comercializado en la localidad. El fin de esto es diversificar la economía local, dándole al mismo tiempo una base permanente de sustentación en el largo plazo. Según Boisier, la reinversión local dependerá de las expectativas económicas del territorio y del acuerdo o proyecto político entre las fuerzas sociales que se interesan en el futuro y que actúan en función de ello.
La endogeneidad en términos científicos y tecnológicos se expresa también en una capacidad que es interna al territorio, en coherencia con el concepto, buscando un cambio que provoque modificaciones cualitativas.
El concepto cierra proponiendo una endogeneidad cultural que más que generarla está dada y más bien es creadora de una identidad social y territorial existente en el lugar.
[1] La introducción y difusión de las innovaciones y el conocimiento tiene el fin de transformar y renovar el sistema productivo, entendiendo este autor por innovación tanto “la producción de nuevos bienes, la introducción de nuevos métodos de producción, nuevas formas de organización o la apertura de nuevos mercados” como “los cambios ingenieriles en lo productos, en los métodos y en las organizaciones que permiten a las empresas y a los sistemas de empresas dar una respuesta eficaz a los desafíos que significa el aumento de la competencia en los mercados” (Vázquez-Barquero, 2000. P. 54).
[2] La organización flexible de la que habla Vázquez Barquero está representada en forma de una red de empresas industriales locales que permite la generación de una multiplicidad de mercados internos y de áreas de encuentro que facilitan los intercambios de productos, servicios y conocimientos. Esta confluencia de intercambios de productos y recursos entre empresas, así como la multiplicidad de relaciones entre los actores y la transmisión de mensajes e informaciones entre ellos propicia la difusión de las innovaciones, impulsa el aumento de la productividad y mejora la competitividad de las empresas locales. (2000; p. 55)
[3] Vázquez Barquero asigna una correspondencia directamente proporcional a la relación entre una mejor capacidad para competir y un sistema de instituciones que permite producir bienes públicos y generar relaciones de cooperación entre los actores que impulsan el aprendizaje y la innovación. (2000; p. 58)

No hay comentarios:

Publicar un comentario