
En la búsqueda por las implicaciones de la alianza productiva y social para producir palma sobre el desarrollo local del municipio de María la baja, intervienen dos preguntas fundamentales: 1) ¿Por qué se establece el proyecto de la alianza en éste territorio? y 2) ¿Por qué se afianza la alianza en éste territorio? Para una explicación de las razones del establecimiento del proyecto en ese territorio, se proponen dos conjuntos de argumentos. Uno es el conjunto de las condiciones tanto naturales como construidas del territorio. El otro, es el conjunto de condiciones socioeconómicas que presentaba el territorio en el periodo en que se implantó el negocio en la zona.Al hablar de posesiones del lugar tanto naturales como construidas se está en clara referencia a las especiales características de este municipio que lo diferencian de sus vecinos.
María la baja tiene una importante oferta de agua todo el año proveída por abundantes lluvias y un distrito de riego, tiene unas condiciones climáticas y de suelos propicios para el cultivo de la palma de aceite y por sus predios transita una importante vía nacional que la conduce a importantes zonas portuarias como Cartagena, Barranquilla y Santa Marta. Por lo demás, la alianza productora de palma de aceite se ve fortalecida por un marco de política pública favorable fundamentado en incentivos tributarios y financieros por un lado y en mecanismos de subsidio y crédito que posibilitan la inclusión del campesino propietario y la relación entre el grupo empresarial y el Estado.
Condiciones naturales y construidas para el establecimiento de la alianza para el cultivo de palma de aceite en María la baja.Por condiciones naturales entendemos aquellas posesiones o dotaciones con las que cuenta un territorio determinadas por su posición geográfica y por los ecosistemas asentados en un espacio determinado. Los factores más importantes que determinan el rendimiento de las plantaciones de palma de aceite son la disponibilidad de agua, la calidad del suelo y el clima. Los mejores suelos para este cultivo son los suelos volcánicos y arcillas aluviales y marinas, de zonas bajas por debajo de los 500 metros sobre el nivel del mar, de importante permeabilidad y con un eficiente drenaje (Mingorance, 2004: 21). María la baja es una zona muy baja, está a 14 metros sobre el nivel del mar, sus suelos están clasificados entre fertilidad alta a moderada y de texturas medias a finas. En general, los suelos de esta zona tienen fama de ser muy fértiles en donde se pueden cultivar variados productos y estar cosechando permanentemente (POT 2001-2009). Esto tiene que ver con que el municipio y vecinos tradicionalmente hayan sido la despensa de alimentos de importantes ciudades del Caribe colombiano como Barranquilla y Cartagena.
El cultivo de Palma de aceite también requiere de precipitaciones de entre 1.800 y 2.200 m.m. distribuidos a lo largo del año, es decir, sin estaciones muy secas por periodos prolongados, clima cálido de temperatura máxima de 33°C y mínima de 22°C, luz solar constante entre cinco y siete horas diarias durante todo el año (Aguilera, 2002: 107-108 y Mingorance, 2004: 21). María la baja tiene una temperatura promedio de 27°C y cuenta con una alta cantidad de precipitación por año llegando hasta los 2.300 mm al año. Aparte de la alta pluviosidad del área, la oferta de agua de la zona está determinada por la existencia del distrito de riego que existe en el municipio como parte de la reforma agraria realizada en el mismo y que tiene que ver con procesos históricos determinantes en la construcción de éste territorio.
Precisamente, se comprenden como condiciones construidas aquellas posesiones o dotaciones que pertenecen al territorio que hacen parte de procesos históricos que produjeron su elaboración. Un hecho determinante y característico de María la baja es que fue uno de las localidades donde se viabilizó la tímida reforma agraria impulsada en el país en 1968. El dato no es menor, toda vez que en Colombia los antecedentes sobre la tenencia y el mercado de tierras en la segunda posguerra han sido fundamentalmente los intentos por la imposición de tributos progresivos a la propiedad rural y la reforma agraria. Sin embargo, históricamente la falta de voluntad de dirigentes políticos y clases propietarias para facilitar procesos pacíficos de cambio y de adecuación de la estructura agraria a las necesidades rurales ha sido tímida y débil, generando una deuda estructural al campesinado colombiano. El intento de reforma agraria del 68 se diseñó como un mecanismo en el marco de la política norteamericana de “Alianza por el Progreso” buscando alinear a los países de la región en su interés geopolítico en el contexto de guerra fría, siendo una medida inducida desde fuera de América Latina y no decisión política autónoma para emprender adecuaciones estructurales para el desarrollo.
El liberal Carlos Lleras Restrepo fue el tercer presidente del pacto bipartidista conocido como “El Frente Nacional” y fue bajo su gobierno que se tramitó la Ley 1 de 1968. Según Machado, esta y su antecesora, la Ley 135 de 1961, hechas dentro de criterios distribucionistas, fueron marginales y solo hicieron una reparación superficial de la estructura agraria. Siguiendo a este autor:
La Ley 135 de 1961 buscaba acelerar la transformación de los terratenientes tradicionales en empresarios capitalistas con una amenaza de expropiación, al tiempo que reproducía la pequeña propiedad campesina en algunos departamentos. La reforma privilegió la expropiación de tierras inexplotadas, mal explotadas y baldías, dejando en última opción las adecuadamente explotadas e introdujo a partir de 1968 (Ley 1) la organización campesina, auspiciada y promovida por el estado para sostener la reforma frente a los embates de sus enemigos (Machado: 1998, 46).
Más detalladamente, León Zamosc recuerda que la Ley 1 de 1968 reconocía el derecho de los aparceros y arrendatarios a la tierra, pero a la vez se introducían tantas restricciones que su aplicación efectiva era dudosa hasta el punto de que prácticamente sin los instrumentos jurídicos adecuados la administración Lleras no tenía posibilidad de acelerar la reforma agraria propuesta (Zamosc, 1987: 82). Solo había una fuerza desde la cual podía provenir la presión a latifundistas y elites retardatarias y era el propio campesinado por medio de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos -ANUC, auspiciada y promovida por el Estado a partir del 68 para sostener la reforma frente a los embates de sus enemigos.
Por lo demás, se ha interpretado que el ex-presidente impulsó una reforma agraria, mediante ley de la república, más como una política de fomento que como una estrategia para modificar la estructura de propiedad en el campo. Desde esta perspectiva, la propuesta de reformismo agrario respondió a una visión determinada sobre la relación campo-ciudad y agricultura-industria, más que a una concepción desde la lucha por la tierra (Gaviria, 1989: 186). La mediocre modernización liberal quería que el campesinado “ensanchara” el mercado interno para las manufacturas cuya estreches venía en gran medida de los bajos ingresos campesinos, determinados a su vez por la desigual distribución de la propiedad rural. En María la baja, los terrenos de propiedad de los herederos del patriarca del ingenio de azúcar y convertidos en hacendados ganaderos son los que le proponen al presidente Carlos Lleras Restrepo la venta de la tierra, que constituía el área de la famosa hacienda azucarera, a pesar de que ya habían vendido una elevada cantidad de su propiedad.
El territorio de María la baja fue pionero en el cultivo de Caña de azúcar en Colombia. La gran hacienda azucarera de Carlos Vélez Daníes y familia (los Vélez), de la cual se destaca Dionisio Vélez Torres, sucesor del primero, abarcaba desde el municipio de Arjona, colindante con Cartagena hasta San Onofre en Sucre, unas 50.000 hectáreas. El ingenio Central Colombia se instaló en 1908 y 1909 en el corregimiento de Sincerín, municipio de Arjona, con la ayuda de ingenieros cubanos con toda la maquinaria moderna embarcada desde Inglaterra. Así, en la zona comentan que:
Fue tan fuerte esta industria que ellos tenían, como era usual en aquellas épocas, una especie de pequeña republiqueta independiente; tenían su propia moneda, tenían su propio tren para el transporte de personal, tenían comisariato y campamentos para los trabajadores, donde los trabajadores llegaron a Malagana que era como un pueblo que acogía a toda esta población, Malagana y Sincerin, y hubo mucha gente de varias partes del país, trabajadores de la caña y atraídos por la generación de empleo de los ingenios, que ciertamente generaron mucho empleo como corteros de caña, cultivadores de caña (CDS, entrevista, 2009).
Sin embargo, la famosa depresión económica de 1929 incidió en el precio del azúcar como la causa determinante de la quiebra de la industria del azúcar en esta zona, antecedió por la muerte del patriarca Vélez y la falta de unidad en el manejo de la empresa de los hijos quienes resuelven disolver la empresa y es cuando se termina de enterrar paulatinamente la cultura de la caña en la zona en los primeros años de la década de los cincuenta. Es así como María la Baja llega a ser una zona que hizo parte de la política de reforma agraria realizada por el estado colombiano en la década de los 60 y de la adecuación de un distrito de riego en su territorio:Entonces ellos (Los Vélez) venden al gobierno de Lleras 20.000 hectáreas, reservan todavía otras 10.000, la venden mucho a ganaderos, ellos conservan otra parte de eso, todavía los Vélez hasta hace poco funcionaban por ahí, los herederos de los Vélez funcionaban por ahí en la zona de María la Baja con otros renglones productivos como la ganadería; e instalado el proyecto de reforma agraria, eso fue diseñado para arroz comercial, cultivo comercial de arroz, eso se diseñó por parte de ingenieros holandeses que contrató el gobierno de Lleras Restrepo, una misión de Holanda que se estableció en el campamento de San pablo cerca a María la Baja, donde estaba la sede del Incora, ellos se establecieron ahí y diseñaron y ejecutaron todo lo que es el distrito de riego por gravedad con la construcción de dos grandes presas, la de Matuya y la de El Playón y por gravedad a través de canales de riego irrigaban las 17.000 hectáreas más o menos, para arroz, también para algo de ganadería y canales de riego y de drenaje (CDS, entrevista, 2009).
En el marco de esa reforma agraria, el Instituto Colombiano de Reforma Agraria- INCORA, proveyó al campesino de tierra, maquinaria (tractores, cosechadoras y combinadas), insumos, semillas y “toda clase de agroquímicos, pesticidas y fertilizantes”, créditos de renovación automática y asistencia técnica. De alguna manera, el siguiente relato representa ese periodo progresista:
Coincide con que en ese momento los técnicos de INCORA eran tipos jóvenes muy progresistas, tuve oportunidad de conversar con muchos de ellos, muy progresistas, muy comprometidos, realmente muy honestos, muy comprometidos, izquierdosos digamos, realmente, no eran comunistas pero de ideas progresistas (CDS, entrevista, 2009).
Así, aproximadamente unas 15.000 hectáreas fueron distribuidas a miles de parceleros que entraron en el proceso de reforma agraria en la zona con un promedio de diez hectáreas por familia beneficiaria. El distrito de riego de María la baja, por tanto, fue instaurado paralelamente a la redistribución de tierras a arrendatarios y aparceros de la zona comprendiendo un área de diseño de 19.200 hectáreas y de adecuación, riego, drenaje y vías, de alrededor de 7.500 Hectáreas.
Con la redistribución de tierras y la construcción del distrito de riego, el cultivo que se fomentó para sembrar en éste territorio fue el del arroz. El contexto productivo para este cultivo era favorable ya que el país producía en ese momento dos millones y medio de toneladas al año entre el Llano (en el oriente colombiano), el Tolima y la región de la costa Caribe, mientras que el consumo interno era de millón y medio y se exportaba un millón de toneladas hasta comienzos de los noventa.
Condiciones socioeconómicas para el establecimiento de la alianza para el cultivo de palma de aceite en María la baja.Además de las condiciones naturales y construidas que se han descrito, la alianza productiva para cultivar palma de aceite en María la baja encontró en el territorio las condiciones socioeconómicas propicias para instalar su proyecto en la segunda mitad de la década de los 90. En el municipio, los habitantes recuerdan que la depresión de la economía del arroz entró en el territorio de María la baja a comienzos de la década de los noventa al juntarse tres factores que se venían encubando tanto en el municipio como en el país: uno, debido a que el cultivo del arroz fue establecido con los cánones de la revolución verde, se experimentó un cansancio ambiental de los suelos; dos, un cansancio organizativo de la gente; y tres, el comienza de un proceso de apertura económica en el país.
El paquete completo de la revolución verde consistente en maquinaria, agroquímicos y fertilizantes, como complemento de la redistribución de tierras realizada, la infraestructura, el crédito y la asistencia técnica puesta en marcha de manera intensiva, terminó por producir un cansancio de los suelos por la aplicación de tanto agroquímico. Además, la metodología de planificación que generaba un uso racional de insumos, maquinaria, y hectáreas de tierra se desdibujó ante comportamientos de ineficacia administrativa del Instituto Colombiano de Reforma Agraria (INCORA) y el quiebre de las empresas comunitarias que habían sido motivadas por la reforma, que empezaron a descomponerse y a romperse.
Al ir estructurando el montaje de la reforma agraria en el territorio, en un primer momento organizaron empresas comunitarias para el cultivo del arroz, a las cuales se les responsabilizaba de una calidad de administración de sus recursos a través de cuentas bancarias y asesoradas por los técnicos del INCORA. Se recuerda que “ya cada parcelero se iba por su cuenta; “este año sí siembro, el otro año no siembro”, “sí siembro pero más tarde”, entonces era un costo más grande para los dueños de tractores y de combinadas” (CDS, entrevista, 2009).Esto sin perjuicio de la responsabilidad que le atañe a los pobladores del lugar por administrar de forma irresponsable las cosechadoras y otras maquinarias. Desde sus referentes empresariales, una palmicultora comenta:
Vea Compañero, nosotros aquí, cuando María la Baja tuvo el cultivo de arroz, desafortunadamente por falta de capacitación y de acompañamiento de entidades gubernamentales, locales, el proceso del arroz aquí en María la baja se cayó, ¿por qué? porque el campesino no tenía esa cultura de administración empresarial, la gente tomaba el crédito y de pronto no sabía distribuirlo en lo que tenía que distribuirlo, entonces por muchas razones se fue el proyecto del arroz a pique aquí en María la Baja (Palmicultora B ASOPALMA, entrevista, 2009).
La economía del arroz en la zona se termina de ir al suelo con la puesta en marcha de la apertura económica del gobierno de Cesar Gaviria, al permitir la importación de arroz ya que “toda la economía del arroz en esa zona quebró, toda, aquí no hubo ningún molino de los cuatro que había, que subsistía, todos quebraron, los campesinos quebraron y también en ese momento se endureció la política de la caja agraria” (CDS, entrevista, 2009). En el sector agrícola, la apertura económica como medida neoliberal viene acompañada por la privatización de la Caja Agraria que empezó a perfilarse como el Banco Agrario, con una gestión de banco comercial y llamando a los clientes a ponerse a paz y salvo con su cartera:
La caja agraria llamó a los clientes “usted está moroso, si quiere crédito nuevo, pague lo que debe, póngase al día, refinancie sus deudas, pero tiene que pagar una parte”, o sea que el 90% de los campesinos de María la Baja quedó fuera del sistema de crédito porque estaba moroso (CDS, entrevista, 2009).
Así mismo, estas medidas van a acompañadas con el desmonte paulatino de la infraestructura y liquidación del Instituto de Mercado Agropecuario (IDEMA) a nivel nacional, viéndose reflejado su efecto en la localidad ante el cierre de la planta de ensilaje y tratamiento situada allí, entidad que extrañan los arroceros y agricultores del municipio como referente de estabilización de oferta del bien y de precios favorables al productor. El proceso de cambio estructural neoliberal oficializado con la apertura económica condujo al país a pasar de ser exportador a importador de arroz de Venezuela, Ecuador y Tailandia y, por ende, forzando una reorganización del sistema productivo en el territorio de María la baja.
La sensación que queda al hablar sobre este periodo es que los noventa significó una década para la localidad, en la cual sus productores quedaron sin acceso al crédito y con deudas para con el sistema bancario y con una fuerza laboral desocupada, que por lo demás explica la alta migración que existe en el municipio. Esta situación la describe mejor un actor local:
Entonces, digamos que una de las zonas donde se vivió con mayor impacto el desarrollo de la política de apertura económica de comienzos de los años noventa fue esta región. Ocurrió una recomposición completa en la estructura del agro, y las tierras, pues, pasaron a ser tierras ganaderas, esporádicamente a sembrar arroz, pero dejó de ser el cultivo estrella al cual se dedicaba toda la zona, obviamente significó toda una recomposición de todas las casas comerciales, de las casas de maquinaria, fumigación aérea, etc; todo eso tuvo que desplazarse de la región y una recomposición también del uso de la mano de obra (CDS, entrevista, 2009).
Es así como el elemento común de los relatos de los pobladores es que en la década de los noventa en la localidad era la incertidumbre la que dominaba el ambiente hacia donde orientar la producción ante la inaccesibilidad al crédito y las deudas sin pagar por la quiebra del cultivo del arroz. De allí que una palmicultora recuerde: “Quedamos endeudados porque que por el mal tiempo, por la falta de máquina, nunca se podía lograr como que cosechar el arroz a tiempo, había mucha perdida y eso nos conllevó a tener perdidas invaluables, nos retiramos del cultivo del arroz, y las tierras, ahí, prácticamente a la deriva” (Palmicultora A ASOPALMA, entrevista, 2009).
Las condiciones socioeconómicas de un territorio devastado por la quiebra de la economía de su principal producto llevaron a que la propuesta de la inversión en el cultivo de la palma a muchos les pareciera una oportunidad para salir de la crisis económica tanto en lo familiar como en lo territorial. De allí que otra palmicultora comenta:
Ya en el 97 aquí ya no había cultivo de arroz, estaban las tierras solas, aquí ni el banco quería prestarle a los campesinos de María la baja porque ellos quedaron endeudados totalmente con el banco. Todavía del cultivo de la palma hay gente que está pagando deudas al banco porque debe, de cuando era cultivador de arroz, el campesino aquí quedó que no había quien le abriera aquí las puertas para nada porque no pagaban, por el banco… y las tierras solas. ¿Qué hacían los inversionistas que venían aquí a María la baja? Venían a arrendarnos las tierras, a vivir de nuestras tierras, ¿Por qué?, de pronto no porque los campesinos querían arrendarlas, sino porque el campesino estaba en el suelo y no había quien le diera la mano para pararse de donde estaba, las tierras solas, las tierras aquí perdieron pujanza en producción, perdieron valor por hectárea… y el campesino tenía o que venderla o arrendarla por la situación económica en la que vivía… (Palmicultora B ASOPALMA, entrevista, 2009).
El modelo de Alianza estratégica llega a María la Baja en el año 98 con 4 parcelas demostrativas pertenecientes a pobladores poseedores de tierra, cada una con 5 hectáreas, las palmas las regaló el ex ministro de agricultura y propietario del grupo empresarial Hacienda las Flores Carlos Murgas Guerrero, los costos de preparación del terreno los proveyó la gobernación de Bolívar y los palmicultores colocaron la mano de obra para la siembra, fueron 4 parcelas cada una con 5 hectáreas y créditos no reembolsables. Es así como la propuesta del cultivo de palma aprovechó la desestructuración del territorio producto de políticas públicas agrícolas neoliberales y la confusión e incertidumbre de los campesinos hacia donde orientar su producción.